La feria

No, la mañanera no es un medio, y qué bueno

No, la mañanera no es un medio de comunicación, y por ende los lineamientos “a favor de las audiencias” no le aplican.

Ronda una confusión sobre la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum que ha de aclararse antes de que enrede más la discusión sobre los derechos de las audiencias.

No, la mañanera no es un medio de comunicación, y por ende los lineamientos “a favor de las audiencias” no le aplican.

La prensa acude a las autoridades en búsqueda de información. Éstas a veces solo distribuyen un comunicado, un video, o hacen una mañanera. El periodista asume que la autoridad no va a mentir. Porque no sería a uno al que tratara de engañar, sino a la sociedad. Así que se da difusión al gobernante porque por esos dichos podría eventualmente incurrir en responsabilidades.

¿Que ese contenido ha de sopesarse y agregar contexto, que parte de la obligación es contrastar, contrapuntear e incluso ver si hay antecedentes o conocimiento que lleve a poner en entredicho la versión oficial? Sí, prácticamente de inmediato periodista y medio inician esa tarea. Y no son excluyentes el publicar prontamente lo que dice el gobierno y el ir agregando valor… o incluso restándoselo.

Mas el punto de partida es que si el gobierno es legal y legítimo, su comunicación es moneda corriente y se atiende dado que es una extensión del ejercicio gubernamental, y que como tal estará sujeta a la misma rendición de cuentas que los “hechos” de gobierno.

Los mentados lineamientos han provocado un enorme ruido. Y demasiadas voces han preguntado públicamente por qué no someter a la mañanera a lo que establecen esos artículos en cuanto a veracidad, contexto debido, separar opinión de información, garantizando el derecho de las audiencias a reclamar las fallas al respecto.

Ahora sí que no somos iguales. Una cosa es que el gobierno (éste ahora, como antes otros) busque el control, y otra que cometiéramos el error de creer que la mañanera es algo así como un medio, o, peor aún, nuestra competencia –es decir, un ente al cual ganarle la nota e igualmente buscar que tenga menos audiencia que uno, pues así es la competencia mediática–.

Qué más quisiera el gobierno que cayéramos en esa jugada. No. La mañanera merece atención de la prensa. El gobierno de Sheinbaum reporta desde avances de programas públicos conocidos hasta anuncios coyunturales. A veces incluso responde cuestionamientos. Y, qué obviedad, ahí también hace política. Atender y reportar con prontitud la conferencia de la presidenta es periodismo 101.

No se debe conceder calidad de medio a una conferencia gubernamental porque se le restarían obligaciones. Si un político minimiza el caudal de un río, por ejemplo, y luego se desborda y muere gente, el medio que divulgó la declaración no es culpable, el gobernante en cambio sí ha de responder, incluso penalmente, sobre sus fallas: por qué no alertó oportunamente y arriesgó a la población.

Las audiencias tienen derecho a que lleguemos a cubrir la mañanera de forma que, en tiempo real, separemos la propaganda de lo que es de utilidad para la población; haremos la tarea si evidenciamos las mentiras sin un protagonismo que al final de cuentas sea utilizado por el gobierno para victimizarse. Ser un medio de la ciudadanía para la rendición de cuentas de lo que dicen y hacen en la mañanera, y punto.

Los lineamientos son discrecionales, excesivos y el gobierno es juez y parte. Pero precisamente porque la mañanera es un ejercicio gubernamental, nomás faltaba que la valoración de lo que ahí ocurra se le regale al gobierno vía esos lineamientos. Eso le toca a la sociedad a través, entre otros mecanismos, de la prensa.

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