La feria

Hay que hablar de Marina del Pilar

Baja California suma una gobernadora sin visa estadounidense (ya de por sí una anomalía), que le fue retirada a la par de su entonces marido y en medio de versiones de presuntas pesquisas gringas. Lo real es la no visa y un divorcio que parece indicar que algo huele mal.

Morena padece tantos problemas que quieren confundir a la ciudadanía con temas como el de Ernesto Ruffo. México tiene capacidad de seguir el caso del exgobernador opositor sin dejar de preguntarse, “bueno bueno, pero qué pasó con Marina del Pilar Ávila”.

Baja California suma una gobernadora sin visa estadounidense (ya de por sí una anomalía), que le fue retirada a la par de su entonces marido y en medio de versiones de presuntas pesquisas gringas. Lo real es la no visa y un divorcio que parece indicar que algo huele mal.

Hay que fijar la atención en eso, para no ser presas de la boruca.

Esa pérdida de visa quiso ser presentada como algo administrativo, pero las versiones iniciales de que el matrimonio de la gobernadora era sujeto de atención en EU prendieron bastantes alertas. Y 14 meses después constituye el elemento fundamental para explicar –si se concede algo de credibilidad a la versión que quiere dar la mandataria– cómo fue que cayó en lo que Marina del Pilar dice que fue una trampa del exgobernador de Baja California Jaime Bonilla.

Los audios que se han conocido de la mandataria negociando citas para ella y un abogado que estaría representándola con agencias de Washington no podrían existir si ella no tuviera la necesidad, personal y como representante de los bajacalifornianos, de arreglar su visa.

Solo que usted o yo si perdemos la visa, pues tenemos de dos sopas: o tratar de acudir a alguna instancia de Estados Unidos a que nos explique directamente si hay alguna irregularidad, o asumir que en efecto la discrecionalidad con la que la otorgan es la misma al retirarla.

En tanto funcionaria, Marina del Pilar Ávila no parece haber pedido a una instancia del gobierno mexicano que le ayudara a gestionar su tema. Siendo una gobernadora fronteriza se antoja de interés nacional que se busque desde la Federación explorar el tema.

Sobra decir que son amplios y fluidos los canales de comunicación de la Cancillería con, por ejemplo, el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson. Aunque también debe tenerse en cuenta que Relaciones Exteriores elige sus batallas o, dicho de otro modo, no va a quemarse así nomás.

Ahí tenemos entonces la segunda realidad, una vez que perdió la visa, todo indica que la política de Morena recurrió al amigo de un amigo (en mi tierra también les llaman coyotes) para tratar de hallar, por lo que se escucha en los audios, una vía poco ortodoxa de arreglarse.

Y eso nos regresa al principio. ¿Por qué perdió la visa como la perdió (en tándem con su entonces compañero) la gobernadora?, ¿y por qué el movimiento honesto e incorruptible que es Morena no le tiró paro?, dirían en el barrio, al punto de que ella se vio en la necesidad (es un decir) de ofrecer lo que oía en mesas de seguridad en las que participaba. Tercer punto: ¿pues qué teme, que anda dando cambio de más?

Ese es el meollo. En qué se metió Ávila que en su intento por salir del entuerto, dice ella, cayó en la trampa del exgobernador Bonilla –otro ilustre obradorista– que, al declarar sobre el señalamiento como autor intelectual de la celada, dijo en la radio la semana anterior que él no fue, pero que en todo caso su protegida Monserrat Caballero llegará a la gubernatura de BC para perseguir a Marina del Pilar. Qué bonito movimiento.

El tema sigue siendo el retiro de la visa, y la manifiesta desesperación de la gobernadora por recuperarla en lo oscurito. Lo demás es ruido.

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