¿Dónde estaba el embajador de México en España cuando se planeó la participación de Felipe Calderón en un foro en Madrid presidido por el jefe del Estado español la mismita semana en que al fin ocurrirá una entrevista entre Felipe VI y la presidenta Claudia Sheinbaum? Ni idea.
La relación México-España ha pasado siete años de turbulencias. El destemplado manejo de AMLO de un tema a discutir bilateralmente –los abusos en la invasión y la Colonia– tensó los profundos lazos históricos y sociales entre ambos pueblos. Eso fue en marzo de 2019.
Desde su arribo a Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum ha ido desfaciendo ese entuerto. Al punto que hoy está programada una cita entre Felipe VI y la mandataria, un paso fundamental para, sin dejar de reclamar desde México una revisión del papel de la España de ayer, normalizar el hoy.
La cita lleva meses preparándose y, como todo en la diplomacia, se puede caer o malograr con cualquier cosa. ¿A alguien le conviene que España y México no salgan del bache en que nos metió Obrador? ¿Quién cuida a la presidenta en Madrid, embajador Quirino Ordaz?
El martes Calderón estuvo en la reunión “Diálogo Anual de Políticas”, del Club de Madrid presidida por el rey Felipe VI. En la foto grupal aparece Calderón con el jefe del Estado español, y el propio michoacano publicó en sus redes sociales una selfie con el monarca.
Es imposible que a Calderón se le escapara la provocación que de alguna forma su presencia en ese foro constituía: un par de días antes de la visita del borbón a México, quien 20 años atrás arrebatara acremente la Presidencia a AMLO saluda al rey y lo presume. Vaya.
Calderón es la bestia negra del obradorismo y en particular de la presidenta. Días atrás, en un artículo muy singular publicado en The Guardian sobre Sheinbaum se establecía –con licencias– que en la biografía de Claudia 2006 fue clave para unirse más a AMLO.
Sheinbaum presume que ella contribuyó al estudio que supuestamente probaba el fraude en esa cerrada elección –se dirimió por un 0.56% de votos– y el michoacano nunca aceptó el reclamo de voto por voto, casilla…, mito fundacional del obradorismo.
La entrevista de esta tarde entre Sheinbaum y Felipe VI es uno más de los pasos entre España y México para trascender la forma en que Andrés Manuel enfrió la relación entre gobiernos. La casa real ha dado muestras de su voluntad, la hija del rey en un discurso hizo encomio del pasado mexicano, y desde luego la presidenta fue a la península a una reunión que, si bien fue de gobiernos de izquierda, supuso una señal de normalización.
La diplomacia supone malabares. Fox y su canciller Jorge G. Castañeda pudieron tener a Fidel Castro y George W. Bush en una misma cumbre con la coreografía que luego, por la infidencia del cubano, todo mundo conoció bajo la frase de “Comes y te vas”.
Hace poco Calderón estuvo en México para defender a Maru Campos. Él y Fox respaldaron a la gobernadora de Chihuahua. El mitin que armaron fue vistoso y su mensaje claro: la derecha mostraba músculo.
Que los expresidentes participen en temas actuales sin duda genera interés, y ojalá se sumaran otros exmandatarios. La regla de que quienes estuvieron en la silla del águila debían guardar silencio puede ser actualizada.
Sin embargo, una cosa es un mitin a favor de Maru, o ventear en el extranjero sus críticas a la reforma del Poder Judicial, como ha hecho Calderón, y otra muy distinta que quien fue jefe de Estado participe pocas horas antes del viaje de Felipe VI en un foro con él. Si la relación entre México y España fuera de normalidad, nada de raro tendría, estando con pincitas vaya que Calderón fue provocador o irresponsable. Se pudo haber excusado este año. O se lo pudieron haber pedido.
Claro, si hubiera embajador de verdad en España, Morena no tendría que tragarse hoy el sapo de que Calderón puede presumir una foto suya antes que la presidenta Sheinbaum con Felipe VI. Qué necesidad de verdad de mantener gente que no tiene oficio.