La feria

La anomalía potosina

Ricardo Gallardo y el Verde están resueltos a imponerle a Morena y a la presidenta Claudia Sheinbaum el primer caso abiertamente de cacicazgo obradorista.

Ricardo Gallardo y el Verde están resueltos a imponerle a Morena y a la presidenta Claudia Sheinbaum el primer caso abiertamente de cacicazgo obradorista. Es mucho decir para un movimiento que prometió renovar la vida política, y en particular para ella, que elevó como unas de sus banderas el prohibir el nepotismo en los puestos de elección popular.

Elegido gobernador de San Luis Potosí en 2021, el experredista Gallardo es parte de un clan que construyó poder clientelar desde Soledad de Graciano Sánchez, municipio conurbado de la capital potosina. Su padre y él se apropiaron de ambas alcaldías (el primero fue edil de ambas), y derrochando en verbenas con famosos grupos musicales y festivales garnacheros afianzaron su popularidad.

Los Gallardo tuvieron la astucia de desplazar los restos del navismo –un movimiento popular que tan tuvo raíces cívicas y anticaciquiles que el propio López Obrador se arropó en él– y de medrar con la debilidad de un PRI que, si bien retuvo posiciones, terminaría cediéndoles la gubernatura del estado que en el siglo XX padeció por décadas el cacicazgo de Gonzalo N. Santos.

Como se sabe, y aunque él argumenta inocencia, Gallardo, apodado El Pollo, tuvo un paso por la cárcel en 2015. Justo por esos años, los perredistas de su estado se cuidaban al hablar de él o su padre: eran temidos incluso por sus correligionarios.

Bajo las siglas del PVEM hace cinco años ganó los comicios. La tibia actuación de Morena en esa elección, cuando el partido era dirigido formalmente por Mario Delgado pero en la realidad por AMLO, tendrá que revisarse en el tiempo. La ambición expansiva del tabasqueño abrió gubernaturas a personajes como Gallardo, o Rubén Rocha, hoy el principal dolor de cabeza de Sheinbaum con Estados Unidos.

Ahora Gallardo reta a la presidenta de la República. La esposa del mandatario estatal, actualmente senadora, ha manifestado su deseo de competir para suceder a su marido, cosa que sería imposible bajo la nueva doctrina morenista, que impide a parientes consanguíneos de hasta cuarto grado (de afinidad hasta de segundo grado) una candidatura inmediata al mismo puesto.

Esa reforma estatutaria y legal promovida por Sheinbaum generó crisis en Zacatecas y Guerrero, donde morenistas ligados a la persona que ostenta la respectiva gubernatura resisten la prohibición. Y metió en un brete a la coalición obradorista, que en este mes se ha decantado por repetir alianza en las elecciones estatales de 2027 salvo, todo indica, en la gubernatura de San Luis Potosí.

El problema, sin embargo, trasciende por mucho al nepotismo. No es que una esposa con carrera política no tenga a salvo su derecho a ser votada inmediatamente para el mismo puesto del marido. Es que esas carreras están trenzadas en un modelo de presunto uso patrimonialista de los puestos que incluye denuncias de oscuros procesos legales para silenciar periodistas e intentar imponer el maquillaje de que el gobernador es “popular”.

San Luis Potosí ha encarcelado a periodistas por compartir contenido que el clan Gallardo, incluida la senadora Ruth González, consideran injuriosos. ¿Pretenden control político total, que alegre a la gente con ferias populares mientras oculta los problemas con el silenciamiento de la prensa, incluidas las redes sociales?

“Los cacicazgos subsisten en los pueblos que los toleran”, le dijo el candidato Adolfo López Mateos al periodista Javier Santos Llorente en la campaña de 1958. La frase, pronunciada en una gira entre Tampico, Tamaulipas, y Tuxpan, Veracruz, fue reproducida por la prensa como un obvio mensaje de que el cacicazgo de décadas de Gonzalo N. Santos, cuyo famoso rancho quedaba cerca, llegaba a su fin.

Santos es el cacique prototípico del modelo posrevolucionario. Por más que se cuenten de él innumerables anécdotas sobre su vernácula manera de la realpolitik desde Obregón hasta López Portillo (cuando al fin sus latifundios fueron afectados), la frase que resume la forma que labró poder y fortuna es aquella de “lo único que ha ganado legalmente es su mala fama”*.

Varios de aquellos “todopoderosos” presidentes priistas fracasaron al tratar de acotar a Santos. Porque la declaración de López Mateos también fue valiosa como señal de que además de un pueblo que no lo tolere, se requiere un mandatario que no consecuente caciques.

¿La presidenta permitirá la germinación de un nuevo cacicazgo potosino? Sería una anomalía, que –encima– podría causar contagio.

*Los caciques, Carlos Loret de Mola, Grijalbo, 1979.

COLUMNAS ANTERIORES

Comienza la eliminatoria obradorista
Muéstrenme otro país… pide la presidenta

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.