La feria

Metro: por qué no podemos tener nada bonito

En la Línea 2 pareciera que Netanyahu bombardeó la noche previa estaciones como Hidalgo o Zócalo.

Miércoles 5 pm. Polanco. Sales de una cita “en la zona de los hoteles”, tienes que llegar al Zócalo a más tardar a las 6. Hay bloqueos. Pensabas irte a Metro Tacuba, y tomar ahí la Línea 2. Un trabajador del hotel ofrece el mejor tip. Váyase en Metrobús a Metro Hidalgo, y llega perfecto. 5:55 pm sales de Metro Zócalo. Se logró, pero con un detallito nada menor.

Dejemos de lado la bizantina discusión sobre cuántos vendrán al Mundial a México, y en concreto para los fines de esta entrega, a la capital de la República. Serán decenas de miles, eso con seguridad. Ahora un tip que me van a agradecer. De ninguna manera, por nada del mundo, a menos de que lo odien, le digan a un visitante que tome la Línea 2 rumbo al estadio.

La discusión sobre si estará o no lista la terminal aérea es un megajuego de niños frente a lo que ocurre en la línea azul del Metro. Y empecemos por aclarar una cosa: no es tema si está o no está en mantenimiento, reformas, mejora o remodelación. Es que por pura protección civil, no pasaría una supervisión ni del ayuntamiento de Hostotipaquillo. Es un desastre y un riesgo.

En Oaxaca, la terminal aérea está en obra. Bajan ustedes del avión y caminan por un pasillo aislado, hecho de material provisional, angosto, sí, pero perfectamente limpio, delimitado, en colores propios de una situación que llama a extremar cuidado y/o precaución. En la Línea 2 pareciera que Netanyahu bombardeó la noche previa estaciones como Hidalgo o Zócalo.

Aquello está tripas afuera. Hay escalones que literalmente desaparecieron y en su lugar pusieron costales rellenos de arena, no hay señalización, no hay pasillos de seguridad o que mínimamente conduzcan al pasajero lejos de los escombros, las vigas, las estructuras de los albañiles y los pisos reventados, sin mosaico e irregulares.

Los comerciantes que medio subsisten ahí –uno entiende que también son víctimas colaterales de tanta improvisación y desprecio por la seguridad– se ubican a la mitad de lo que una vez fueron pasillos, todo entre el polvo, trabajadores llevando y trayendo material voluminoso y de pasajeros que no atinan a saber dónde queda la ruta para transbordar o salir.

Y los policías tienen cara de a ver cuándo me relevan de este infierno. No podrían poner orden simplemente porque es imposible en un muladar el intento de algo medianamente armonioso o lógico. Reitero: las obras del Metro deberían hacerse sin interrumpir el transporte; pero eso es una cosa muy distinta a que no importe el usuario, su seguridad y el servicio en general.

La estación Hidalgo está, desde luego, cerca de múltiples sitios turísticos que nuestros visitantes mundialistas podrían recorrer (incluido Bellas Artes –con estación del Metro–, obvio, y la Alameda, que por cierto está a punto de entrar en obras, juuusto antes del Mundial, son unos genios, la verdad).

Y la estación Zócalo da, ni más ni menos, que a una sede para las fiestas oficiales o semioficiales (con la FIFA y la renuencia del gobierno de la ciudad a pagar y/o cumplir las condiciones que se aceptaron años atrás –no defiendo a los lángaros de la FIFA, pero ellos pusieron el precio y acá dijeron ok–) del Mundial.

Por favor no sugieran a locales o turistas que se vayan en el Metro hasta el Zócalo para acudir a un fan fest. Evítenles el riesgo de un clavo enterrado en el pie, un tablazo en la cabeza, una descalabrada con una estructura metálica o simplemente una caída con raspones que ameriten un refuerzo antitetánico. ¿Exagero? Paguen sus cinco pesos y véanlo ustedes mismos.

Es una discusión eterna si es un fraude eso de organizar olímpicos o mundiales proponiendo crear estructura urbana perdurable y difundiendo marca país que a la postre será dinero bien gastado porque lo hecho se queda y los futuros visitantes se multiplicarán.

En el caso de la CDMX no hay fraude posible: porque simplemente no hubo ni visión ni ambición para crear nada, así que no habrá retorno. Nada, ni un Metro presentable, vaya. Nada, salvo, supongo, un negociazo para las marcas de pinturas, que hacen su agosto en pleno mayo.

El Mundial será un éxito porque a los mexicanos les encanta la fiesta donde sea y como sea, y porque han aprendido a hacer pasar como autóctonas situaciones aberrantes como un aeropuerto en decadencia, así lo conviertan en lo más parecido a un mall, o la línea del Metro más directa al estadio tenga estaciones tan caminables como el cráter del Popo. ¡Gol!

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