En robo de autopartes, Guadalajara es una ciudad sin ley.
La semana pasada narré aquí un caso de robo de autopartes, en específico de componentes del motor. Desde ese día, me han llegado otros testimonios.
Relato enseguida un par y deliberadamente soy vago en la marca del automóvil, el lugar de los hechos y, obviamente, la identidad de las víctimas. Porque los delincuentes tienen datos de cada uno de esos robos, incluidos teléfonos de propietarios.
Caso A. Una persona dejó su auto estacionado en la colonia Americana, tan de moda en Guadalajara. Al regresar no tenía molduras ni varias partes del motor: batería, computadora, etcétera. El presupuesto en la agencia podría rondar entre 150 y 200 mil pesos. Se resignó a pagar lo que le pidieron los delincuentes por sus cosas. Al día siguiente de que le ocurrió eso, advirtió a un amigo que no se arriesgara a quedarse en la calle en ese barrio. El amigo desoyó el consejo y horas después también le desvalijaron su unidad.
Caso B. En otra colonia, al norponiente de la Americana, otra persona fue a comer. Al salir, su auto, de modelo no reciente, carecía de computadora, cuerpo de aceleración, batería, calaveras… El reemplazo y la reparación le costó la tercera parte de lo que vale hoy su auto en el mercado. Cuando esta persona descubrió que había sido saqueado, los vecinos le dijeron que era el tercer atracado ahí en 48 horas. Todavía no terminaba de asimilar el daño económico y logístico que estaba por encarar al quedarse por semanas sin vehículo, cuando alguien le recomendó una salida más económica: vete y reporta el auto como robado, y cuando lo encuentren, podrás pelearte con el seguro para que te pague, porque, si no, de esto que te quitaron no te va a pagar nada.
¿Se imaginan reportar a la autoridad falsamente un robo para ver si evitas un gasto catastrófico de algo que es producto de un fallo de seguridad de la autoridad y de un esquema ventajoso de las compañías de seguros?
Luego de que te roban, incluso recibes una llamada en tu celular de “alguien” que no te dice cómo consiguió tu número al ofrecerte la reparación: tus piezas y la colocación de las mismas.
“Terminé hace una semana el viacrucis”, me dice una de las víctimas. “Vas de susto en susto. Porque pasamos de saber qué ocurría, luego a saber que a un amigo le pasó, a que te pase a ti y estás en manos de los criminales. Es una historia de terror porque la sincronía está cabrona”.
Con “sincronía”, esta víctima se refiere a que, mientras mucha gente está padeciéndolo, la policía tapatía hace como que no sabe; la autoridad municipal y estatal reporta cifras de robos de autos a la baja; los seguros no reportan reclamos, y el ciudadano hace cuentas y ni cómo culpar a una víctima que opta por pagarle a los extorsionadores (porque eso son, el robo es para extorsionarte, ni siquiera para vender tus piezas a un tercero) una fracción de lo que terminaría pagando en la agencia.
Cuando Caso A llamó al seguro, el ajustador que finalmente se presentó, de malas, le dijo que “como éste, todos los días hay uno, pero de los robos de adentro ninguna compañía te va a pagar. De afuera, de las molduras, algunas sí”.
Otras personas, me cuenta Caso A, terminaron mudándose de la Americana para poder organizar cenas. De otra forma, era casi seguro que el auto de sus visitantes terminara desvalijado. Qué pena con las visitas, aquí sí.
En robo de autopartes, Guadalajara, ciudad sin ley.