La feria

Huachicol: el muerto de la Marina habla

El nombre de Guerrero resurgió 10 meses después, cuando en septiembre se supo que esa muerte no podría disociarse de la denuncia de un enorme esquema de huachicol fiscal donde están implicados parientes de Rafael Ojeda.

Las historias de corrupción suelen aguardar sorpresas a la sociedad. Por su naturaleza, que es la de las sombras, pocas veces son tramas lineales o simplonas. Al contrario: tienen múltiples giros. Ahora se comprueba con el caso de la Marina y el huachicol.

Desde el martes Aristegui Noticias reveló una conversación entre el marino Fernando Rubén Guerrero Alcántar y Rafael Ojeda, secretario de Marina de México hasta el 30 de septiembre de 2024. Primer dato relevante, Guerrero habla muerto. O casi.

Recapitulemos: a nivel nacional supimos de Fernando Guerrero cuando su asesinato, en noviembre de 2024. Un marino muerto por sicarios en Manzanillo no es trivial. La ausencia de más información apenas si dio espacio a lógicas especulaciones sobre el móvil.

El nombre de Guerrero resurgió 10 meses después, cuando en septiembre se supo que esa muerte no podría disociarse de la denuncia de un enorme esquema de huachicol fiscal de combustible y donde están implicados parientes del exsecretario Ojeda.

Era entonces la primera reaparición del muerto (dicho esto con respeto a su familia y con admiración a cómo la verdad de ese caso resiste el olvido al que parecen quererla someter las autoridades). El crimen contra Guerrero tendría, con más razón, que ser esclarecido.

Los dos parientes del exsecretario Ojeda son Manuel y Fernando Farías Laguna, marinos encumbrados el sexenio pasado; el primero de ellos, detenido, mientras el segundo ha tenido recursos y forma de evadir la acción de la justicia (¿habrá habido acción de la justicia?)

Desde el 7 de septiembre, cuando el gabinete de seguridad informó del huachicol en la cúspide de la Marina, y salvo una que otra promesilla de cero impunidad, poco habíamos escuchado del caso. Hasta esta semana que el muerto volvió a reclamar justicia.

¿Y ante quién le escuchamos por 19 minutos detallar nombres de los implicados? Esta trama compite con las novelas policiacas: el que recibe de viva voz la denuncia de Guerrero no es otro sino el entonces secretario Ojeda. Que encima le pide le deje todo por escrito.

El muerto, pues, regresa desde el ostracismo al que lo había condenado en primer lugar la Marina, y en segundo el gobierno de la República, con una fiscalía general que si bien cambió de titular, está por cumplir 100 días de pachorra. El muerto viene a jalar orejas.

Esa cita entre Guerrero y Ojeda, donde se escuchan otras dos voces, fue en junio de 2024. En octubre, el denunciante incluso visita al nuevo secretario de la Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, reunión de la cual apenas si se tienen detalles, y en noviembre lo matan.

Dicho de otra forma, las balas por encargo silenciaron al denunciante del robo fiscal cuando ya había tomado posesión la presidenta Claudia Sheinbaum. El caso se vuelve forzosamente transexenal. Un desafío a las autoridades que no se distrae en eso del segundo piso.

Al cumplirse un año de la muerte de Guerrero, al fiscal Alejandro Gertz Manero le dieron las gracias, un pasaporte diplomático y la bendición para que sin agobio pueda disfrutar del teatro y la música de los recintos londinenses. En su lugar, llegó una incondicional de Claudia.

Cuando buques llenos de combustible que iba a ser introducido sin pagar los debidos impuestos fueron decomisados, fue increíble la ausencia casi total de detenidos, cosa que no cambió cuando el gobierno develó que el caso era mayúsculo y con parientes de Ojeda.

Parecía otro caso más de peces chicos y gran impunidad. Salvo que hay un muerto que se niega a la resignación. La historia continuará.

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