La feria

Adán y eso que llaman territorio

La coartada esgrimida por Adán Augusto para salvar cara en medio de su caída del Olimpo obradorista es poco creíble. O nada.

Luis Spota tiene en Palabras mayores una escena que viene a cuento con las declaraciones de Adán Augusto López de que ahora va a dedicar tiempo a trabajo de territorio en la circunscripción cuarta electoral.

Bajo el estrés del inminente destape, el protagonista de Spota admira la fina suela de sus zapatos. De piel y factura extranjeras, su calzado lleva años consentido: sólo roza las alfombras de los despachos propios de un ministro, antítesis de las polvorientas faenas de una campaña electoral.

La coartada esgrimida por Adán Augusto para salvar cara en medio de su caída del Olimpo obradorista es poco creíble. O nada. Y no sólo porque cueste mucho pensarlo decidido a fatigar sus zapatos, o sus camionetas (si es que son suyas), en los baches de los caminos del sur.


Es la contradicción entre su argumento futurista y las razones de su defenestración lo que impide conceder crédito a la versión esparcida por el hasta enero líder de los senadores de Morena.

¿Por qué cayó en desgracia López Hernández? Por sus escándalos. Esa palabra es la que más se repite desde el domingo, la fecha de su mal, en titulares y columnas que abordan la degradación del otrora primer “primo-hermano de la nación”.

¿Y ahora resulta que con ese polémico equipaje el mejor destino del exgobernador y exsecretario de Gobernación es, ni más ni menos, que las próximas campañas electorales? Si la especie tiene algo de verdad, qué flaco favor le harán a Morena en unos comicios que no lucen fáciles.

El inventario de sus escándalos va de asuntos donde la frivolidad volvió temas privados en memes, hasta la falta de una explicación creíble y legal por haber nombrado en Tabasco a un jefe policiaco hoy acusado de criminal, pasando, claro, por propiedades y riquezas no declaradas.

Por si fuera poco, para cierta opinión pública el castigo político a López Hernández, quitarle la conducción de la bancada guinda, cancelarle su acceso a Palacio, impedirle el manejo de los fondos en el Senado, resulta insuficiente: piden un castigo, un llamado a cuentas que hoy parece lejano.

En esa circunstancia, siendo un cuadro demasiado polémico ¿qué aportaría entonces Adán a unas campañas donde el régimen tiene que lidiar con el desgaste de las promesas de honestidad y austeridad que fueron relumbrón y hoy son burla ceniza?

Premiarlo con que vaya a la campaña es un regalo para la oposición. Una predecible piñata para cada mitin. Y si a pesar de todo, en efecto le pondrán a operar en Hidalgo, Ciudad de México, Morelos, Puebla y Guerrero, entidades de la cuarta circunscripción, ¿qué le pedirán? ¿Encargarán al tabasqueño esa magia que de repente sucedió cuando soñóse candidato presidencial y se multiplicaron anuncios espectaculares con su imagen en “revistas” de ésas que son como hongos, no sólo por lo perniciosas, sino por lo ubicuas? ¿Morena quiere ese estigma publicitario?

¿O será que le pedirán que se haga cargo de negociaciones tras bambalinas (por no decir clandestinas o inconfesables) con empresarios y políticos regionales para que surjan ambulancias como las que vimos en Chihuahua no hace mucho en burdo y adelantado proselitismo electoral?

Si realmente Adán Augusto López quiere contribuir al movimiento que lo premió con la Secretaría de Gobernación debe hacer lo que los priistas de tiempos de Spota cuando el poder les daba la espalda: disciplinado mutis a la espera de un milagroso retorno… o exiliarse.

Mientras, no debería apurar un cambio de calzado. No vaya a ser que botas y tenis se queden sin estrenar, mudos testigos de que sus compañeros de movimiento le retiran invitaciones a sumarse a candidaturas porque cuando uno es apestado, se le nota. Diga lo que diga, calce lo que calce.

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