–Hola, ChatGPT querido.
—Ay, ¿qué haces? Ahora sí me sorprendiste, Arturo. ¿A dónde tan temprano?, ni las 5 son.
—Me citó la presidenta. No le digas a nadie. Quiere que le ayude con la tragedia del Interoceánico. Por eso me conecté, para consultarte.
—¿Tú? ¿De cuándo acá eres perito ferrocarrilero? Se ha de haber confundido.
—No, no, la presidenta quiere mi asesoría legal.
—¿De vías y descarrilamientos?
—Que no, Chatito, de las responsabilidades de los funcionarios públicos en caso de violaciones a derechos. Ayer que no me conecté en la noche a nerdear contigo fue porque releí en el estudio la crónica judicial de aquel año, ¿te acuerdas?, 2010, cuando la tragedia de la Guardería ABC. No me lo vas a creer: todavía me emociono.
—No, no me acuerdo, no había nacido, digo, no me habían inventado. Qué parte te emocionó.
—Todo. Todo fue sin precedentes. La descomunal tragedia, sus 49 bebés fallecidos, los niños que desde entonces padecen horrible y de por vida, mi investigación por violación de derechos humanos, la sanción que propuse. Qué tiempos.
—Hmm.
—La investigación encontró “desorden generalizado” en el sistema de guarderías subrogadas. Falla del Estado en su responsabilidad, omisión clave en la posibilidad de un percance. Y, por lo mismo, en el proyecto propusimos, nadie lo esperaba, “avanzar hacia una nueva forma de entender la responsabilidad de los altos servidores públicos, derivada de los deberes que la Constitución General impone al Estado en beneficio de los gobernados, pues cuando se actualizan omisiones importantes por parte de los órganos y entidades del Estado que permiten o provocan violaciones graves a los derechos fundamentales, debe haber responsables; de ahí que los servidores públicos sean responsables de las fallas graves que se cometan en las dependencias, entidades y organismos del poder público que están bajo su titularidad, ya que son garantes de su debido funcionamiento”. ¿Ves?, hasta memoricé lo que se publicó en la crónica judicial.
—¿Y te lo aprobaron?
—Qué va, eran tiempos del espurio. Pero mi argumento ahí queda: “Puede decirse que los directores del instituto –IMSS–, cada uno en los periodos de sus funciones, incumplieron con sus obligaciones legales de implementar políticas efectivas que impidieran las violaciones generalizadas en la prestación del servicio de guarderías subrogadas”. Porque probamos la existencia, el vínculo, entre un desorden generalizado y la Guardería ABC.
—Y a qué nivel pedías que escalaran las responsabilidades.
—Mira. El tema es que al Estado se le impide hacer cosas para que no viole derechos, pero, sostengo, también deben exigírsele deberes, acciones positivas, como políticas públicas que eviten daños que pueden ser violación a derechos fundamentales. Por eso pedimos investigar la responsabilidad de 14 autoridades municipales, estatales y federales, entre estas dos directores del Seguro Social, el que estaba y el que recién había salido, que ya era secretario de Estado. Nunca había pasado algo así. No veas la que se armó con el entonces presidente. Se me dejaron venir con todo.
—Ya, comprendo. Entonces, si hace 15 años, 2010 dijiste, ¿no?, pediste eso y te batearon, hoy que se sabe que en el Interoceánico hay tal desorden, generalizado, que nadie previno que un maquinista sin licencia operara una ruta, y que por kilómetros y kilómetros rebasara la velocidad límite, pedirás la cabeza del secretario de Marina, constructor del proyecto y hoy máximo encargado.
—¿Cómo crees?, no entendiste nada.
—¿Entonces quién responderá por la muerte de 14 personas por el descarrilamiento en el Interoceánico el 28 de diciembre?
—¡Es obvio! Por eso dicen que las computadoras están lejos de ser infalibles. Está clarito. Felipe Calderón, quién más, él, y un poco Zedillo, que vendió los trenes. Lo de hoy son lamentables bajas del titánico esfuerzo por corregir errores del pasado. La culpa es de Calderón, de quién más. Te dejo, no vaya a llegar tarde a ver a la presidenta y otra vez me regañe.