La feria

2030 y Harfuch, ¿víctima de su éxito?

Una eventual candidatura presidencial de García Harfuch no sólo enfrentará la resistencia de los ultras de Morena que le recelan no ser obradorista, y que ya lo bloquearon rumbo a la CDMX.

A finales de 2025 el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se volvió el niño favorito de parte de la prensa internacional que de manera más o menos consistente se ocupa de México. Y de la nacional ni qué decir.

La baja en el índice de homicidios, incluso si se atienden reportajes sobre inconsistencias en estados muy significativos como Sinaloa o Baja California (ver Noroeste en el primer caso y Animal Político en el segundo), se le aplaude aquí y afuera.

Y si bien hay que acreditar sobre todo a la presidenta porque desde octubre de 2024 decidió cambiar la estrategia anticrimen, García Harfuch se ha convertido en el rostro de ese giro, en el sinónimo del éxito inicial del viraje.

Esa buena prensa se convirtió en canto de sirenas sucesorias. El supersecretario, o Batman, es en realidad vocero de una estrategia que no se entiende sin la coordinación con las fuerzas armadas y (hoy más que nunca) con la FGR... y con Estados Unidos.

Pero una cosa fue el fin de año, con su balance en la relación bilateral de algo parecido a que “lo bueno es que no nos fue tan mal”, y otra muy distinta es México tras la extracción de Nicolás Maduro el 3 de enero. Los vientos sembrados ese día apenas empiezan a azotar acá.

La entrega esta semana de 37 capos mexicanos a Estados Unidos, en el mismo esquema irregular al no ser extradiciones, puso de nuevo al secretario García Harfuch en la más alta visibilidad, pero quizá en esta ocasión abriendo una puerta que le puede cerrar otras aspiraciones.

Si García Harfuch se convierte en la cara más visible de la cooperación en materia de seguridad con un Tío Sam más injerencista que nunca, qué margen de maniobra le podría quedar en el terreno político si al final de cuentas es considerado el hombre de confianza de Washington.

En la última llamada sostenida entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump, la semana pasada, el personaje que destacó en la fotografía divulgada fue el secretario García Harfuch, presente además del canciller y del subsecretario de Relaciones Exteriores.

La presidenta Sheinbaum ha concedido al colaborador que la acompaña desde sus tiempos de jefa de Gobierno una serie de importantes nombramientos en la Fiscalía General de la República una vez que de ésta fue desalojado Alejandro Gertz Manero.

Si a lo anterior se agrega que, sin que se haga del todo explícito, es al secretario de Seguridad a quien ha tocado la responsabilidad de expulsar a los 92 reos de alta peligrosidad entregados a EU desde 2025, más que nunca Sheinbaum y García Harfuch muestran su sólido nexo.

Por hechos como esos –y ni qué decir si sumamos que lo mismo va a Sinaloa a tratar de apaciguar la guerra desatada en 2024 que a Michoacán, en donde ayer se reportó una importante detención, la del asesino del limonero Bernardo Bravo– el futurismo es lógico.

Una eventual candidatura presidencial de García Harfuch no sólo enfrentará la resistencia de los ultras de Morena que le recelan no ser obradorista, y que ya lo bloquearon rumbo a la CDMX. Si esa ya era una aduana complicada, mucho más si se le ve como funcional en la pretensión de EU de inmiscuirse cada vez más.

Todo lo que trajo a Omar hasta aquí, su capacidad policiaca y su lealtad a la presidenta Sheinbaum al punto de sacarle las castañas del fuego en sus disputas con los gringos, será precisamente lo que le impediría ser un candidato presidencial. Si García Harfuch ya no pasaba por “impuro”, por “proyanqui”, menos.

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