La feria

La derrota oportuna de Sheinbaum

Claudia Sheinbaum tiene la enorme oportunidad de aceptar una derrota oportuna. Olvidar la idea de presentar una iniciativa que le costará negociar quién sabe qué con sus aliados.

El 5 de enero EL FINANCIERO publicó su más reciente encuesta de aprobación presidencial. El panorama recogido por el encuestador Alejandro Moreno es puntual: aunque Claudia Sheinbaum retiene apoyo, los mexicanos están preocupados.

En el último semestre de 2025, la sociedad mexicana calificó así: En Economía, la presidenta bajó de una aprobación de 65% a 50%; en Corrupción, la desaprobación subió de 66% a 76%; en Seguridad, de 47% a 57%, y en Combate al Crimen, al final no la aprobaban ni 20%.

“¿Cuál es el principal problema que hay en el país hoy?”, preguntó El Financiero: 55% contestó que la inseguridad pública, 21% que la corrupción, y sólo 14% dijo que economía/desempleo.


La gente no menciona a partidos o comicios. ¿Es que EL FINANCIERO no está haciendo las preguntas correctas, que no ha detectado un malestar con “el costo de nuestra democracia”?

Otras encuestadoras, como Consulta Mitofsky, coinciden: en el rubro de “principal preocupación”, 55.9% dice Inseguridad, 17.3% contesta que la Economía y 10.2% responde que Salud (19/01/26).

Y, a pesar de lo anterior, desde Jesús Ramírez (de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral) hasta la mandataria insisten en que se pretende, sobre todo, hacer más económicas las elecciones, “las más caras del mundo”.

El argumento oficialista de que las elecciones son caras entraña un truco. No hace falta recordar cómo llegamos a un sistema que pretendía dotar de certidumbre unos procesos que durante décadas fueron una simulación, ni tampoco que, aun así, todos pudieron ganar.

Puestos a darle por su lado al oficialismo, ¿alguien duda de la respuesta de la gente si le preguntan si le gustaría que fueran menos, y no 500 diputados federales y 128 senadores, los que constituyan el Congreso de la Unión? Y lo mismo en los estados y los cabildos.

En las dos encuestas la presidenta ya rompió el piso de 70% de aprobación. Por décimas, pero ya anda en los 60. Quizá se deba a que, por ejemplo, en la de EL FINANCIERO, en abril pasado 37% decía que Claudia estaba manejando mal/muy mal la relación con Trump, y en diciembre esa desaprobación era de 50%.

Lo anterior antes de que Trump sustrajera ilegalmente a Nicolás Maduro el 3 de enero, y de que, tras esa demostración de poder, la Casa Blanca insistiera en que ahora atacará por tierra a los narcotraficantes, declaraciones que tienen como destinatario a México.

La presidenta ha de lidiar con enormes problemas y, por una extraña razón (porque el ahorro en las elecciones no vuela como argumento), ha decidido gastar su capital político en una reforma electoral en la que le rezongan hasta sus aliados.

Claudia Sheinbaum tiene la enorme oportunidad de aceptar una derrota oportuna. Olvidar la idea de presentar una iniciativa que le costará negociar quién sabe qué con sus aliados y una imagen de autoritarismo por no incluir a quienes no son obradoristas.

¿Quiere más control del INE? Ya lo tiene, y pronto saldrán tres consejeros que suelen resistirse a plegarse al gobierno. ¿Quiere más poder? Entonces, para qué mendigar apoyo del PT y del PVEM (que le saldrá carísimo), si cuenta con el respaldo suficiente para, desde la Presidencia, imponer condiciones a sus socios y, de negarse, plantearles que se atengan a las consecuencias.

AMLO tuvo también descalabros y supo sacar de ellos ventajas. A la presidenta Sheinbaum los mexicanos le piden que resuelva la corrupción (entre ella, la de los partidos y los políticos, por cierto), active la economía y combata a los criminales.

Nadie le está demandando una reforma electoral. ¿O es que las encuestas no están registrando que Morena anda más mal de lo que se supone? Eso, además de especulación, es otro tema.

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