Salvador Camarena: Gatell y San Pedro, en ese orden

La indolencia, según Salvador Camarena, es lo que más sobresale del subsecretario de Salud
La indolencia, según Salvador Camarena, es lo que más sobresale del subsecretario de Salud

Salvador Camarena: Gatell y San Pedro, en ese orden

Hugo López-Gatell.La indolencia, según Salvador Camarena, es lo que más sobresale del subsecretario de Salud
Presidencia
2020-11-17 |09:00 Hrs.Actualización09:00 Hrs.

Llegó el día que nadie hubiera querido. El doctor Gatell tocó las puertas del cielo y San Pedro lo entrevistó para ver si le dejaba entrar.

-Hugo, pensé que a los del Madrid no les interesaba venir por acá.

-Muchos en México querían mandarme al diablo, pero ya ves San Pedro, aquí estoy y con gusto te explico mis méritos para quedarme.

-Soy todo oídos, aunque me temo que es riesgoso decirte eso a ti, pues has mostrado que no paras de hablar sin decir gran cosa. Adelante.

-Todos los días empecé puntual la conferencia de las siete.

-…

-El Presidente me apreciaba mucho. Lo decía a cada rato.

-…

-Me aprendí los nombres de muchas reporteras.

-…

-Tuve paciencia en las entrevistas.

-…

San Pedro comienza a desesperar ante la vaguedad de Gatell.

-Mira, mejor yo te hago preguntas, a ver si así nos aclaramos. No recuerdo, Hugo, que nadie que no fuera el presidente López Obrador haya hablado más que tú en gobierno alguno. Vaya, hasta a Muñoz Ledo le ganaste. Desde el 29 de febrero tuviste una hora diaria cada noche, y participaciones semanales los martes en la mañanera. Dime: ¿Qué comunicaste en cientos y cientos de horas hablando? ¿Qué dijiste que fuera relevante, o que ayudara a la gente? En pocas palabras, además de hablar sin freno, ¿hiciste algo bueno?

-Siempre dijimos que SARS-Cov-2 sería una pandemia, y que las pandemias son in-con-men-su-ra-bles…

-Hombre, brujo. ¿Siempre eres así de sabelotodo, o nomás cuando quieres entrar a la eternidad? Te cambio la pregunta. ¿Cuál fue tu mensaje principal hacia los mexicanos?

-Que frente al COVID-19 el presidente López Obrador tenía una fuerza moral.

-¿Y eso cómo ayudó a los mexicanos?

-Esa fue mi labor. Apuntalar el liderazgo del Presidente.

-¿Y hacia la población?

-Quédate en casa.

-¿Y no fue por eso que miles fallecieron? Porque tu mensaje sin matices hizo que la gente no distinguiera entre aislarse de manera preventiva y acudir oportuna, y no tardíamente, a recibir atención médica…

-Teníamos camas suficientes.

-Y demasiados muertos de sobra, Hugo. Tenías camas vacías, pero también familias en duelo.

-Todos los días dimos las cifras de contagios y muertos.

-Cifras que eran parciales, inexactas y que terminaron comunicando nada. Una conferencia diaria durante meses y ni un mensaje claro. Lo tuyo fue llenar de ruido, no orientar.

-No, eso decían nuestros detractores. Pero nosotros siempre dijimos que iba a haber muchos muertos.

-La última vez que vi, tu cifra catastrófica iba a ser superada en 100%, y la pandemia seguía imparable. Nunca aplanaste la curva, no sólo no dispusiste de pruebas sino que desechaste esa idea; tampoco escuchaste a otros expertos, nada de revisar la estrategia ni de aprender de experiencias alternas. Siempre te negaste a promover sin titubeos el cubrebocas.

-La evidencia no es conclusiv…

-¿Ves? Sabelotodo. Soberbio. Y de las vacunas que no se compraron en el sector Salud para otros males….

-Fue por la corrupción de los del pasado.

-Tú estuviste en esos otros gobiernos “del pasado” que sí aplicaron vacunas. Así que por partida doble no tienes excusa: si era necesario mejorar el sistema, tú no eras un recién llegado, por ello cómo explicas que haya desabasto.

-Vamos de acuerdo a lo planeado. Se quejan porque quitamos contratos.

-Los contagios ya sobrepasaron el millón.

-Eso es intrascendente.

-Exacto. Esa palabra te define Hugo. La indolencia frente a los enfermos y muertos te quitará no un lugar en el cielo, sino la posibilidad misma de ser recordado como alguien con espíritu de servicio y mínima humanidad. Por mí puedes seguir hablando cada noche, que al cabo no hay ahí nada digno qué escuchar. Y ya quita esa sonrisa, que sólo tú te crees que eres bueno.