El cuerpo de Nemesio Oseguera, El Mencho, descansa desde el lunes en el panteón Recinto de La Paz, en Zapopan, junto a Guadalajara, donde sus familiares y cercanos lo despidieron. Un dispositivo militar fue desplegado en el perímetro, en caso que un grupo adversario quisiera aprovechar el momento de duelo, para garantizar la seguridad durante el sepelio de quien fuera jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, la organización transnacional más poderosa del mundo. La muerte de El Mencho hace dos domingos dejó acéfala esa corporación criminal, que tras el operativo donde cayó Oseguera, se replegó para reposicionarse.
Una vez cerrado el capítulo del final de Oseguera, lo que viene es quién asumirá su relevo. Las hipótesis abundan, inclusive dentro del gobierno federal. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, le entregó una tarjeta a la presidenta Claudia Sheinbaum con los nombres de cinco potenciales relevos: Juan González Valencia, El 03, hijastro de El Mencho, hijo biológico de Rosalinda González Valencia, de la aristocracia criminal, y Hugo Gonzalo Mendoza, El Sapo, que, de acuerdo con fuentes de inteligencia, fue uno de los abatidos en Tapalpa, aunque para García Harfuch está vivo y figura entre los aspirantes a encabezar la organización.
González Valencia y Mendoza serían como el relevo interno, familiar, con la estirpe que no tienen los otros tres en la lista de García Harfuch, donde sobresale Audias Flores Silva, El Jardinero, quien era el número 2 del CJNG, amo y señor de Puerto Vallarta, el epicentro de la violencia desatada en una tercera parte del país como respuesta al abatimiento de El Mencho. Los otros dos son Ricardo Ruiz Velasco, el Doble R, el jefe de la importante plaza de la zona metropolitana de Guadalajara y cuyo nombre saltó a la prensa como probable sucesor poco después de saberse de la muerte de El Mencho, y Luis H. Alcalde, de quien no hay información disponible.
Fuentes de inteligencia, sin embargo, establecieron la posibilidad de que para evitar una disputa por el poder y con ello la fragmentación –existe una treintena de jefes de plaza en más de 25 estados–, la organización se divida en dos mandos, a cargo de El Jardinero y del Doble R. Flores Silva tendría la responsabilidad de la zona norte, desde Puerto Vallarta, mientras que de Guadalajara hacia el sur estaría bajo el cuidado de Ruiz Velasco.
Aunque operarían de manera autónoma, no se ha explicado cómo se podrían integrar en un solo comando la ingeniería financiera, el lavado de dinero a través de las casas de cambio de criptomonedas, el ejercicio contable, las nóminas, las alianzas nacionales y extranjeras, las comunicaciones estratégicas y operativas utilizando videojuegos –la cabaña de Oseguera tenía una consola para ello–, los grupos paramilitares, las fábricas para construir drones, las rutas de transportación y distribución para los productos de negocios ilegales y legales, que manejaba principalmente El Mencho y, en algunos casos específicos, El Jardinero.
Flores Silva era quien tenía a su cargo las alianzas con otros cárteles y los contactos con altas figuras del gobierno. Información en fuentes abiertas señala que fue quien realizó negociaciones con Los Chapitos, para apoyarlos en su guerra fratricida dentro del Cártel de Sinaloa contra la facción de La Mayiza, proporcionándole paramilitares a cambio de un pago en oro. Pero sus alcances eran mayores.
Según fuentes de inteligencia, poco antes de ser asesinado en San Pedro Garza García, en Nuevo León, Sergio Carmona, apodado El Rey del Huachicol, se reunió con El Jardinero en una ciudad nayarita, por instrucciones del general Audomaro Martínez, en ese momento jefe del Centro Nacional de Inteligencia, y hombre de todas las confianzas del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Las fuentes no revelaron el contenido de la plática o de la negociación, pero dijeron que Carmona era uno de los correos que se utilizaban para hablar con los diferentes capos del crimen organizado.
Ruiz Velasco jugaba en otra cancha, no menor ni inferior, como jefe de la plaza más importante de Jalisco, y probablemente de todas las zonas urbanas donde el CJNG tiene control. Desde ahí establecía las redes de extorsión para funcionarios estatales y municipales, en el corazón de la actividad económica del estado. De acuerdo con investigaciones de la Secretaría de la Defensa, además de coordinar las células criminales en esa zona, era el responsable de la seguridad y del brazo armado del cártel, incluidos los sicarios y los grupos de reacción, como los que actuaron el domingo al conocerse la muerte de El Mencho.
La posibilidad de que surja un mando dividido representa varios desafíos internos, pues la estructura funcionaba bajo una dirección altamente centralizada y organizada en el esquema de franquicias en torno a Oseguera, quien mantenía la disciplina interna, las cadenas de mando y el control territorial sin disputas entre los jefes de plaza. Por otra parte, manejaba la organización como una empresa, cuya presencia y penetración no se quedaba en la casi totalidad del país, sino que se extendía por los 50 estados de la Unión Americana y en los cinco continentes.
Para el gobierno federal, las decisiones que tome el CJNG van a ser fundamentales para recalibrar su estrategia de seguridad, que en el último año se ha enfocado en golpear sistemáticamente, como a ninguna otra organización, la estructura financiera y sus mandos, aunque hasta ahora, con la caída de El Mencho, no habían logrado un golpe tan importante.
A meses de iniciar el Mundial de Futbol, el reacomodo de la organización y la emergencia del nuevo liderazgo, o los dos liderazgos como se está planteando esa posibilidad, podría representar la viabilidad de Guadalajara como sede mundialista, o la cancelación de la capital tapatía como anfitriona. En estos momentos, si se aplicara el reglamento, Guadalajara estaría cancelada como sede, algo que la presidenta Sheinbaum no quiere porque el golpe no sería solo para esa ciudad, sino para el país.
El problema es que la sucesión en el CJNG está fuera de su control, como también las variables sobre su cohesión, fragmentación o enfrentamiento. México ya tiene una guerra civil entre criminales en Sinaloa, donde el gobierno es mero espectador, y no necesita una más en Jalisco, con ramificaciones nacionales a 99 días del Mundial. Pero sobre esto, no puede hacer nada.
