Pedro Kumamoto: Un momento como ningún otro

Todos los días millones de funcionarios se exponen en la línea de defensa para detener los efectos del virus
Todos los días millones de funcionarios se exponen en la línea de defensa para detener los efectos del virus

Pedro Kumamoto: Un momento como ningún otro

El apoyo.Todos los días millones de funcionarios se exponen en la línea de defensa para detener los efectos del virus
Cuartoscuro
autor
Pedro Kumamoto
Excandidato independiente al Senado por Jalisco
2020-04-07 |08:01 Hrs.Actualización08:01 Hrs.

La tarde del domingo el Presidente hizo públicas las primeras medidas económicas para hacer frente a la contingencia del Covid–19. Sobre estos puntos, conviene hacer un reconocimiento, una invitación y también un apunte.

Empecemos por reconocer el trabajo de quienes están en los servicios de salud. Todos los días millones de funcionarios se exponen en la línea de defensa para detener los efectos del virus. Cada mañana millones de personas que trabajan en servicios médicos, de enfermería, como camilleros, choferes o en la administración de hospitales, arriesgan su vida para curar a quienes corren peligro. Todas estas personas son un orgullo para el país, por eso debemos procurar su bienestar y que sus condiciones laborales sean las óptimas.

Reconozcamos también a quienes ejercen una función de estrategia para detener los contagios, desde el gobierno federal a las administraciones locales quienes están involucrados en tareas de epidemiología, presupuestación, comunicación e incluso ejerciendo un liderazgo político. A todas esas personas, gracias, independientemente de colores, desaciertos o desencuentros previos a la crisis.

Lo decía en una entrega previa y sigue aplicando hoy: entre tener la razón o salvar vidas, siempre hay que estar con la opción que evite el sufrimiento de las personas. 

Necesitamos generar un entorno que permita la suma, de construcción colaborativa de soluciones y de apertura a ideas no convencionales. México tiene frente a sí un gran reto y lo vamos a superar con la suma de todas las personas.

Dicho esto, creo que también es importante hacerle una invitación a quienes están a cargo de la gestión de esta emergencia. 

Estamos viviendo un momento como ningún otro. No hemos visto una contingencia de esta magnitud, por ello necesitamos que tengan apertura para actuar de manera distinta. Eso significa repensar los sesgos partidistas, pues allá afuera hay quienes quieren sumar a resolver esta crisis y valdría la pena escucharles. También significa la posibilidad de repensar las prioridades programáticas, pues una plataforma política hecha en otra época que no imaginaba una pandemia global de estas escalas debería revisarse. 

Esta es una invitación a escuchar la sensatez sin importar de dónde venga. El Presidente tiene razón en muchas cosas, pero se ha equivocado en mantener la ruta inamovible de Dos Bocas, un proyecto que pone recursos en una agenda que nos arrebata el futuro en términos ambientales y económicos. 

Es bueno que existan las becas para estudiantes, que se contrate a personas que viven en zonas rurales o que se prevean pensiones universales para las personas de la tercera edad. Sin embargo, estos programas no llegan a quienes en estos momentos están más vulnerables, como los trabajadores en la informalidad, quienes administran y trabajan dentro de micro y pequeñas empresas y quienes son autoempleados. Para ellas y ellos debería diseñarse una estrategia que atienda sus necesidades.

Es positivo que se señale que no podemos regresar a las épocas donde se privatizaban las ganancias y se socializaban las pérdidas. Sin embargo, no se puede enunciar esto sin que se proponga impulsar impuestos progresivos una para que quien más tiene sea quien más aporte, o mientras se le entregan tiempos oficiales al duopolio televisivo solo para que sigan haciéndose más ricos. 

Finalmente, un apunte: estamos frente a un momento decisivo para nuestra generación. La vida será muy distinta después de esta coyuntura por la unión de las condiciones previas a esta pandemia –precarización, inestabilidad laboral, falta de cobertura de derechos como a la salud y al hogar– y los efectos económicos y sociales que esta emergencia global desencadenará.

Por eso necesitamos empezar a construir una discusión generacional más allá de las banderas e identidades políticas. Si el desastre ambiental ya planteaba por sí solo un horizonte a enfrentar, ahora tendremos un nuevo reto con más complejidades. Creo que podemos con eso y más si nos unimos como generación.