Pedro Kumamoto: Hablemos de las consultas

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López Obrador en la consulta de este fin de semana
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Pedro Kumamoto: Hablemos de las consultas

Voto.López Obrador en la consulta de este fin de semana
Nación321
Pedro Kumamoto
Excandidato independiente al Senado por Jalisco
2018-11-27 |06:08 Hrs.Actualización06:30 Hrs.

Estas letras no están pensadas para darle gusto a ninguna de las dos porciones de la población que se enfrentan cotidianamente desde la última elección. Los motivos varían: a veces puede ser por los perfiles que integrarán el futuro gabinete, otras por las declaraciones banqueteras de líderes políticos o incluso por escándalos de las vida privada de los funcionarios. En estos días es muy importante abandonar los adjetivos inflamatorios, la descalificación asidua y el golpe de pecho oficialista. El análisis provechoso suele brotar de los momentos de serenidad y concentración.

A unos cuantos días de iniciar la próxima administración federal se vuelve urgente empezar a practicar un diálogo que acepta matices y rompe con las dinámicas que hemos vivido en redes sociales. Hoy hay que dejar atrás el golpeteo ramplón y empezar a administrar la bilis. Las consultas son un buen tópico para practicarlo.

Estos ejercicios, que se han realizado ya en dos ocasiones durante el periodo de transición, han desatado polémica en la opinión pública. Hemos presenciado la ira de un sector y la defensa a ultranza por parte de otro. Quitando la paja del insulto y la caricaturización, podríamos encontrar en ambos lados algo de valor. Más allá del prejuicio hay buenas ideas para mejorar dichos mecanismos.

Siempre he sido un defensor confeso de ampliar la participación popular en las decisiones del gobierno. Por años nos han dicho: “usted no sabe, usted calladito, usted no tiene autoridad en esta materia”. Incluso se ha llegado a terribles excesos en los que el extractivismo, la corrupción y la avaricia han logrado acabar con los entornos naturales de comunidades que jamás pudieron expresar su sentir sobre aquellos proyectos que les afectan cotidianamente, a veces con funestas consecuencias. Esa tentación de asumir que la sociedad es menor de edad debe acabar.

Por eso creo que es loable que el próximo gobierno federal esté buscando impulsar las consultas como un mecanismo recurrente en la vida política nacional. Pero, como alguien que quiere que más personas se involucren en la toma de decisiones públicas, debemos reconocer que aún hay un gran trecho para que logren ser ejercicios exitosos.

En principio, creo que es muy grave la falta de información que rodea las consultas. Para poder elegir entre dos opciones siempre es necesario tener información objetiva, completa y fidedigna. ¿Quién podría decir que se divulgaron de manera pública los detalles necesarios para decidir por la construcción del proyecto de Dos Bocas, o que conocemos realmente el impacto ambiental y social del Tren Maya, o bien, los cálculos y fuentes de financiamiento de los programas sociales propuestos?

Lo que alcanzamos a ver, lejos de un diálogo enriquecedor, se limitó a videos promocionales, mensajes de golpeteo y debates estériles. En las democracias en las que se practica una cultura plebiscitaria los organizadores de las consultas acercan a los electores argumentos de expertos que apoyan ambas posturas.

Otro tema que me parece destacable es el organizador del mecanismo. Por años Andrés Manuel señaló su desconfianza por el cómputo de los resultados electorales por parte de la autoridad. Esta postura podría generar mayor sensibilidad hacia quienes indican que el árbitro de estas consultas tendría que ser un ente distinto a una organización o grupo designado por el gobierno entrante. De esta manera se podría dotar de una mayor certidumbre a los resultados de ejercicios venideros.

Finalmente, sin duda, es importante definir a la brevedad las reglas que rijan a las consultas. Para que se defina quién y cómo las convocan, cuáles son los tópicos que pueden consultarse, por cuánto tiempo se organizan, y quién realiza el cómputo y da a conocer los resultados.

Estas ideas que propongo para mejorar las consultas ciudadanas, que pueden gustar o no, que quizás puedan pecar de simplistas, no son tan importantes como el espíritu desde el cual se generaron: tratar de entender dos polos ideológicos y sus proyectos. A veces hay posturas irreconciliables, pero también es cierto que últimamente vivimos la pantomima del debate. Por el bien del país, espero que pronto pasemos más tiempo en la empatía que en el encono.