Pedro Kumamoto: Economía en la pandemia: un enfoque desde la comunidad (III)

Los municipios deben de dirigir sus esfuerzos en programas de alimentación y capacitación
Los municipios deben de dirigir sus esfuerzos en programas de alimentación y capacitación

Pedro Kumamoto: Economía en la pandemia: un enfoque desde la comunidad (III)

Los más vulnerables.Los municipios deben de dirigir sus esfuerzos en programas de alimentación y capacitación
Especial
autor
Pedro Kumamoto
Excandidato independiente al Senado por Jalisco
2020-12-15 |07:01 Hrs.Actualización07:01 Hrs.

Como se ha documentado ampliamente, la respuesta a la crisis sanitaria que vivimos depende de la eficacia con la que se ataje la crisis económica que le acompaña. Por ello, en las entregas pasadas de esta columna presenté algunas alternativas de desarrollo económico para nuestro país, particularmente desde su unidad mínima de gobierno: los municipios. 

Dos de las medidas que presenté en entregas pasadas se podrían lograr sin modificar el gasto público de los municipios. La primera se trata de focalizar los recursos que el Ayuntamiento gasta regularmente, al utilizar a las compras públicas como palanca de desarrollo económico local –replicando el modelo conocido como “Preston”–. Esta idea consiste en realizar compras públicas con las que se privilegien a los productores locales, a quienes generen los menores impactos ambientales y quienes posean las mejores condiciones laborales dentro de sus empresas. La segunda consiste en coordinar y promover la creación de cooperativas de consumo para que los habitantes del municipio se organicen y puedan adquirir, con precios de mayoristas, productos de primera necesidad a menor costo.

A pesar de que ambas políticas públicas no requieren de la inversión pública, eso no significa que las arcas municipales deberían continuar con la inercia de años pasados. Por el contrario, es momento de grandes ajustes presupuestales para los municipios. El destino del dinero público es el reflejo de las prioridades de quienes gobiernan. ¿Se gasta más en comunicación que en banquetas accesibles? ¿Se le da más lana a los eventos de la presidencia que a los programas sociales sociales? Esto demuestra la máxima que dicta que donde está la cartera está el corazón.

Por ello, es fundamental que los ayuntamientos tomen decisiones enérgicas para acompañar a la población con recursos económicos –por mencionar algunos tópicos– en políticas relativas a la salud mental, programas de alimentación y la capacitación de nuevas habilidades para su población. Revisemos un poco de las razones para entenderles como una respuesta a la pandemia desde el aspecto económico. 

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), ha reconocido que nuestra región enfrenta una severa crisis de salud mental y que las condiciones como la ansiedad y depresión han crecido de manera preocupante. Particularmente en Estados Unidos, Brasil y México, se reporta que al menos la mitad de la población padece de estrés provocado por la pandemia. A estas condiciones, habría que sumarle que en nuestro país la atención psicológica y psiquiátrica es insuficiente y lejana para buena parte de la población. 

Por ello, los municipios podrían comenzar a construir una estrategia de prevención y atención a través de líneas de atención directa, canalización de posibles casos a centros de salud y, en aquellos municipios con recursos, construir una estrategia que incluya actividades deportivas, recreativas y educativas para acompañar a los pacientes. La razón es muy simple: la salud mental es de interés público, pues permite que la población viva de manera plena y desarrollen su actividad familiar, profesional, académica y social de manera funcional.

En ese mismo sentido, es vital que la reactivación económica pase por impulsar alternativas alimentarias que persigan la salud de su población. Al ver recortados los recursos familiares, las dietas de sus integrantes podrían carecer de ciertos nutrientes indispensables. Frente a ello es urgente crear cursos de educación alimenticia que permitan conocer nuevas recetas accesibles que brinden una nutrición adecuada. A este esfuerzo se le podrían sumar campañas activas para impulsar una política de siembra de huertos en casas, parques, escuelas y lotes baldíos. 

Finalmente, pero no menos importante, será acompañar con políticas educativas una nueva cultura de capacitación de la población, con habilidades y conocimientos que puedan ser útiles en esta nueva realidad. A partir de cursos sobre programación, idiomas o incluso comercio electrónico, los municipios podrían optar por brindar nuevas herramientas a su población para trabajar en actividades con una gran demanda.

Como podemos ver, la pandemia exige que los municipios construyan una nueva lógica de gasto público. Estoy seguro que hay decenas de temas en los que los ayuntamientos podrían transformar radicalmente la vida de sus habitantes. Sigamos discutiendo hacia dónde deben dirigirse los presupuestos públicos, los cuales pueden cambiar la vida de millones de personas.