Moneda en el Aire

Estado rico o pobre, pero todos quieren gobernar

Basta mirar la ruta hacia las gubernaturas de 2027 para advertir que muchas prácticas siguen siendo las mismas de siempre.

Dicen que los tiempos cambiaron, pero basta mirar la ruta hacia las gubernaturas de 2027 para advertir que muchas prácticas siguen siendo las mismas de siempre. Bajo el argumento de las encuestas internas, los partidos —y en particular Morena— ya tienen favoritos, aspirantes en movimiento y estructuras operando con una anticipación que recuerda aquellos viejos tiempos del PRI, cuando la sucesión comenzaba mucho antes de que terminara el periodo en turno.

Milena Quiroga (Ilustración de Laura Mancilla)

La diferencia es que ahora se habla de procesos democráticos, aunque en los hechos lo que se ve es una carrera adelantada, con todo lo que ello implica.

Los nombres ya están sobre la mesa y la lista no es corta. En Aguascalientes, todo apunta a que el PAN buscará conservar la gubernatura y Morena podría volver a postular a la senadora Nora Ruvalcaba, quien iría por su cuarto intento.


En Baja California, donde hubo una decena de registros, el favorito es el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño Ruiz, aunque en la pelea siguen Alfredo Álvarez Cárdenas y Fernando Castro Trenti, un viejo conocido de las contiendas estatales. En Baja California Sur se perfilan dos cartas fuertes: Milena Quiroga, alcaldesa de La Paz, y Christian Agúndez, presidente municipal de Los Cabos.

La lista continúa. En Campeche, pese al llamado a la unidad de la gobernadora Layda Sansores para respaldar a Pablo Gutiérrez Lazarus, alcalde de Carmen, también se registraron el diputado local con licencia Carlos Ucán Yam, Andrés Fernández por el Verde y Gerardo Sánchez Sansores por el PT, sobrino de la mandataria, quien además ha desaprobado esa aspiración.

Rosa María Bayardo (Ilustración de Laura Mancilla)

En Chihuahua, la disputa parece concentrarse entre dos figuras con posibilidades reales de arrebatarle la gubernatura al PAN: la senadora con licencia Andrea Chávez Treviño y el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar. En Colima, se perfila Rosa María Bayardo, presidenta municipal de Manzanillo.

Y en Guerrero, donde hubo un récord de 15 inscritos, las cartas fuertes son Beatriz Mojica y Esthela Damián; en tanto, Félix Salgado sigue “cortando la margarita”, aunque ya le advirtieron que no aparecería en la encuesta.

El problema no es sólo que la competencia se haya adelantado, sino que nadie explica con claridad de dónde saldrá el dinero para sostener tantos meses de promoción, recorridos, reuniones, operación política y posicionamiento territorial. Porque las precampañas pueden cambiar de nombre, pero no dejan de costar y cuando se multiplican los aspirantes, los equipos, los eventos y las giras, la pregunta sobre el financiamiento deja de ser menor.

Más aún, cuando varios de quienes hoy buscan una candidatura pidieron licencia para dedicarse de lleno a esa tarea, dejando vacíos en cargos que fueron otorgados por voto ciudadano.

Ojalá las encuestas internas se definan pronto y no se prolongue innecesariamente este proceso que, en los hechos, ya parece campaña abierta. No sólo por el desgaste político que genera, sino porque también sería deseable que quienes solicitaron licencia regresen a trabajar a los puestos para los que fueron electos.

Gobernar, legislar o administrar municipios debería seguir siendo la prioridad; hacer campaña, al menos en teoría, todavía no tendría por qué ocupar el primer lugar. Porque si algo deja claro esta sucesión adelantada es que, una vez más, la política mexicana insiste en repetir viejas costumbres con nuevos discursos, y lo que llama la atención, sea estado pobre o rico, la lista para ser candidatos es muy larga.

Mala señal en Pemex

De nueva cuenta, proveedores medianos y pequeños, la mayoría de Ciudad del Carmen, Villahermosa y Veracruz, han comenzado a sentir la presión de la falta de pago por parte de Pemex.

Lo mismo ocurre con empresas nacionales e internacionales, quienes han recurrido a distintos bancos e instituciones de crédito en México y Estados Unidos para financiar el flujo de gastos operativos, luego de que en las últimas semanas la paraestatal empezó a diferir las transferencias a sus proveedores.

Juan Carlos Carpio (Ilustración de Laura Mancilla)

Sin duda, una mala señal, justo cuando recién tomó las riendas un financiero como Juan Carlos Carpio, y que la noticia del trabajo conjunto que realizarán con Petrobas fue tomado muy bien por los mercados financieros, y que eso, es nuevamente una señal de que Pemex enfrenta serias presiones de gasto corriente.

A esto se suma la negativa de una segunda parte del fideicomiso Onix operado por Banobras de Jorge Mendoza. Apenas hace un mes el titular del banco de desarrollo había anunciado la posibilidad de que Onix tuviera una segunda etapa con el objetivo de que Pemex cumpliera los compromisos presupuestales acumulado de este año. Sin embargo, la creación de este instrumento hubiese requerido la emisión de deuda con garantía del gobierno federal, lo que no fue autorizado por la oficina de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Las compañías tendrán que esperar a la segunda mitad del año para que les paguen los adeudos, lo que al final sería una buena noticia que realmente suceda, y no se empiecen a ver los graves retrasos que se tuvo en la anterior administración del sexenio pasado y ahora todos se preguntan si sigue siendo válido que las compañías privadas, al final tengan que financiar a Pemex, por el atraso en pagos. Ojalá sea sólo un tropiezo.

Agua y energía, el reto de las inversiones

La conversación sobre inteligencia artificial suele centrarse en los modelos, los chips y las inversiones multimillonarias que anuncian las grandes tecnológicas. Sin embargo, el verdadero cuello de botella no está en el software, sino en algo mucho más básico: tener electricidad suficiente y agua disponible.

Mientras el mundo compite por atraer centros de datos, México corre el riesgo de quedarse celebrando anuncios de inversión sin resolver la pregunta fundamental: ¿dónde van a operar?

Guillermo Goñi (Ilustración de Laura Mancilla)

La reflexión de Guillermo Goñi, socio de Deal Advisory & Strategy de KPMG México, pone el dedo en la llaga. La restricción más importante ya no es convencer a una empresa de instalarse en el país. El reto es construir las condiciones para que esa inversión sea viable durante los próximos 20 o 30 años y esa es la verdadera prueba de fuego, o de agua.

Cada nuevo centro de datos que alimentará la revolución de la inteligencia artificial demanda enormes cantidades de energía eléctrica, sistemas de transmisión robustos, capacidad de interconexión y, además, agua para mantener funcionando sus sistemas de enfriamiento; desde luego la tecnología ha avanzado y los mismos centros de datos indican que es uno de los mitos crecientes, pero al final, no todos tienen la misma tecnología para prescindir del agua. No se trata únicamente de levantar un edificio lleno de servidores; se trata de crear una infraestructura nacional capaz de sostener la economía digital.

México enfrenta una realidad incómoda: la infraestructura energética lleva años presionada, existen regiones con estrés hídrico y los tiempos para desarrollar nuevos proyectos siguen siendo largos, con todo y que la secretaría de Economía, con Marcelo Ebrard, ha trabajado y trabaja para destrabar estos temas de suficiencia energética y tramitología.

Desde luego también hay otro desafío menos visible: el financiamiento. Porque desarrollar redes eléctricas, ampliar líneas de transmisión, construir plantas de tratamiento de agua o modernizar carreteras requiere recursos de largo plazo y reglas claras para quienes decidan invertir y pese a todo, México aún está a tiempo de no quedarse fuerza y de que las inversiones se concreten.

Invertir en IA y en la nube

La inteligencia artificial ya dejó de ser una promesa para convertirse en el nuevo criterio con el que las empresas deciden dónde invertir… y dónde recortar.

Oracle que tiene al frente a Safra Catz, acaba de demostrarlo al eliminar 21 mil empleos mientras acelera su apuesta por infraestructura de nube e IA.

No es un caso aislado; es el anticipo de una transformación que redefinirá el mercado laboral. México no puede observar el fenómeno desde la barrera. Si el país quiere aprovechar el nearshoring, deberá invertir tanto en talento como en tecnología. La ventaja competitiva ya no será solo atraer empresas, sino contar con personas capaces de trabajar junto a la inteligencia artificial y ahí está el reto.

Por lo pronto, la moneda está en el aire.

COLUMNAS ANTERIORES

El lobo que nunca llega y tampoco el registro telefónico
La nueva realidad de las remesas en México

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.