“Abrazos, no balazos” no solamente es una frase ocurrente y pegajosa del expresidente López Obrador: fue la línea de la política del gobierno entre 2018 y 2024, y probablemente más allá, una vez iniciado el gobierno de Claudia Sheinbaum.
El operativo del domingo pasado marca un giro importante en la política de seguridad, y la frase de “abrazos, no balazos” parece haber quedado archivada en lo que serán las memorias del quehacer gubernamental.
No es un giro menor, ni política ni discursivamente hablando. “Abrazos, no balazos” era la frase más potente del ethos obradorista, reconocida y recordada por alrededor de ocho de cada 10 mexicanos encuestados en 2023 y en 2025 (ver “¿Y el ethos obradorista?”, Las encuestas, 21 de marzo de 2025).
Era la frase top de AMLO durante su presidencia, superando a otras frases bastante populares, pero con menores niveles de reconocimiento y recordación entre la ciudadanía.
No obstante, la inseguridad se ha mantenido como la principal preocupación ciudadana ya por varios años: las encuestas indican que más de 50 por ciento de la gente señala a la inseguridad como el principal problema del país, y la manera en que el actual gobierno se ha desempeñado en el asunto del crimen organizado registró 16 por ciento de opiniones favorables y 76 por ciento de opiniones desfavorables apenas el mes pasado, antes del operativo en Jalisco.
Ante el creciente sentido de inseguridad, la postura de “abrazos, no balazos” ha ido perdiendo apoyo.
Una encuesta nacional de El Financiero, realizada en febrero de 2024 a mil adultos, en la cual se evaluaron diversas políticas del gobierno de López Obrador hacia el final de su gobierno, mostró que 53 por ciento de las y los mexicanos consultados describió la política de “abrazos, no balazos” como un acierto, mientras que 42 por ciento la describió como un error.
Opiniones divididas, ciertamente, pero con una mayoría favorable; y eso fue poco antes de las campañas electorales de ese año.
De persistir esa opinión mayoritaria, las acciones del domingo pasado podrían haberse encontrado con un público poco receptivo. Pero no fue así.
Otras encuestas más recientes sugieren que el apoyo a la política de “abrazos, no balazos” ha venido declinando con el tiempo.
Por ejemplo, en noviembre de 2025, la encuesta nacional de El Financiero preguntó lo siguiente: “Pensando en la seguridad pública, en una escala del 1 al 10, donde 1 significa que apoya completamente la política de abrazos, no balazos, y 10 significa que apoya completamente combatir al crimen organizado, ¿en qué punto se ubicaría usted?”.
La idea de utilizar una escala de 10 puntos era medir, además del apoyo o rechazo como en el reactivo anterior, el grado de posible polarización en torno a ese tema.
Para entonces, la postura mayoritaria se había trasladado al otro lado de la balanza.
Quienes respondieron en los puntos 1 a 4, de respaldo a la política de “abrazos, no balazos”, representaron apenas 11 por ciento de las y los entrevistados; las posturas intermedias 5 y 6 captaron un 24 por ciento.
Y las posturas 7 a 10, de respaldo a combatir al crimen, sumaron 65 por ciento. Esto incluye un 45 por ciento solamente en el punto 10, el más extremo o de mayor apoyo.
Así que, en noviembre de 2025, hace apenas un trimestre, dos tercios de la ciudadanía apoyaba el combate al crimen, mientras que apenas una décima parte optaba por la política de los abrazos.

Podría decirse que la opinión pública mexicana ya venía endureciendo su actitud hacia la política de seguridad.
Las acciones del gobierno del domingo pasado pueden tener distintos motivos; pero la encuesta revela que el combate frontal ya contaba con un respaldo ciudadano claramente mayoritario desde antes. Esto no quiere decir apoyo a una “guerra” contra el crimen o apoyo al uso de tropas de otro país, pero sí que la ciudadanía espera acciones concretas del gobierno.
Por supuesto, habrá que esperar encuestas nuevas posteriores a los sucesos del domingo en Jalisco para ver su impacto en el respaldo al gobierno, a la presidenta y a las acciones emprendidas.
Pero el sondeo de noviembre pasado ya auguraba un cambio en la opinión pública, inclinando la balanza hacia el abandono de la política que definió el rumbo de la ‘4T’ en su primer sexenio.