Opinión: Ellos y nosotros, una narrativa complicada

De acuerdo con Roberto Castellanos en el país vivimos una polarización social, alimentada de la confrontación
De acuerdo con Roberto Castellanos en el país vivimos una polarización social, alimentada de la confrontación

Opinión: Ellos y nosotros, una narrativa complicada

Al extremo.De acuerdo con Roberto Castellanos en el país vivimos una polarización social, alimentada de la confrontación
Nación321
autor
Roberto Castellanos
Asesor de la Presidencia del Consejo del INE y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
2020-02-18 |06:43 Hrs.Actualización06:43 Hrs.

En muchos espacios de interacción social en el país vivimos una lógica de polarización social, alimentada por años de una latente confrontación, pero también por una narrativa reciente que distingue entre “ellos y nosotros”. Un experimento social ocurrido en el verano de 1954, en Estados Unidos, nos da pistas sobre las dinámicas de ese tipo de narrativa.

El experimento fue así: en el campamento Robbers Cave, en Oklahoma, una veintena de niños de entre 11 y 12 años fueron a pasar su verano. Al inicio, los niños convivieron sin mayor contratiempo, pero a los pocos días, los coordinadores del experimento les pidieron a los niños que formaran dos grupos, cada uno con un nombre (Cascabeles y Águilas) y una bandera que los distinguía. Con ese simple cambio en la mecánica de interacción social surgió una rivalidad sutil, pero evidente entre los niños.

Con la nueva dinámica en curso, se organizó entonces un torneo en el que los ganadores recibirían un premio. Poco a poco, la rivalidad aumentó. Uno de los grupos colocó banderas en diferentes lugares del campamento como señal de conquista, y cuando pusieron una en el campo de beisbol, el otro grupo no solo la quitó, también la destruyó y la quemó. El “ojo por ojo” se apoderó de la dinámica de la relación entre los dos grupos.

En uno de los momentos más delicados del incipiente conflicto, uno de los grupos decidió llenar calcetines con piedras para defenderse de los otros. En ese momento, los investigadores modificaron las reglas de la interacción: fomentaron acciones de cooperación y colaboración. Y así como habían estado a punto de enfrentarse con violencia física abierta, ahora los niños, que seguían separados en los mismos grupos, con sus nombres e insignias, comenzaron a trabajar unidos para un objetivo común, con reglas y marcos de referencia distintos.

El experimento social de los niños de Oklahoma muestra la facilidad con que la construcción de narrativas y distinciones entre “nosotros” y “ellos” puede conducir al conflicto y la violencia. Basta con señalar diferencias entre grupos, sean pequeñas pero concretas, confrontándolos, para que las personas formen grupos a partir de esa distinción. Las diferencias y sus consecuencias adquieren más fuerza en la formación de grupos, si provienen de figuras de autoridad, con legitimidad reconocida.

Crear o enfatizar atributos que distingan entre “nosotros” y “ellos” es una narrativa complicada, inflamable, que puede dar pauta tanto a dinámicas sociales tóxicas (nosotros contra ellos) como benéficas (nosotros junto con ellos), todo depende de las reglas, historias, símbolos o discursos que las personas tengan a la mano o reciban del contexto, y utilicen para interpretar el mundo, construir relaciones y definir su comportamiento.

Fifís y chairos, conservadores y liberales, neoliberales y progresistas. Estas son algunas de las denominaciones que han ido ganando terreno en México en los tiempos que corren. Esta narrativa no determina aún, por completo, todas nuestras relaciones e interacciones sociales (quizá con la excepción de las redes sociales). Pero en momentos y eventos críticos, como la violencia homicida que recorre buena parte del país y los debates en torno a ella, las marchas a favor y en contra de temas, instituciones y personas, y en buena parte de las acciones del gobierno (sean yerros o aciertos), se asoma ya con demasiada frecuencia, con toda su carga conflictiva, la distinción “ellos y nosotros”.

No es imposible imaginar que esa distinción simplona, pero vigorosa, seguirá asomando su cara violenta, cada vez con más fuerza, si cada mañana nos recuerdan, insistentemente, que eso es lo que nos hace diferentes, que ser crítico o tener una visión diferente a las visiones y posturas predominantes hoy en el poder político, determinan nuestra condición de pertenencia a “ellos” vs “nosotros”.

A diferencia del experimento de los niños de Oklahoma, no parece que tengamos un coordinador(a) confiable que intervenga para modificar nuestros incentivos y reajustar la dinámica social hacia la coordinación y la colaboración. Tendremos que ajustarlos “nosotros” para trabajar con “ellos”, entre todos, sin ignorar las diferencias, pero intentando aceptar sus complejidades.