El presidente Donald Trump firmó el lunes 10 de agosto una orden ejecutiva en la que pide renovar las recomendaciones de vacunación infantil. La medida promueve sus arraigadas, pero desacreditadas, creencias de que las vacunas pediátricas deben aplicarse en visitas separadas al médico.
La orden recomienda separar la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR, por sus siglas en inglés) en tres inyecciones administradas en visitas separadas al médico, siempre que sea posible.
También ordena al departamento de salud a nivel federal a que mejore su investigación sobre vacunas, las cuales ya son parte de estudios exhaustivos, y que presente un plan para ofrecer vacunas infantiles por separado para el sarampión, las paperas y la rubéola, debido a que actualmente no existe tal opción en Estados Unidos.
Expertos en salud pública han expresado su preocupación de que espaciar las inyecciones, como propone Trump, puede aumentar el riesgo de que los niños contraigan una enfermedad prevenible por vacunación antes de regresar para otra visita.
Las vacunas infantiles —y cómo y cuándo se administran en combinación— pasan por rigurosos estudios, y el seguimiento de seguridad continúa durante años a medida que se utilizan.
Trump calificó el anuncio como una “gran victoria para los derechos de los padres de familia, los derechos religiosos y constitucionales, y para la ciencia de máxima fiabilidad”.
Dentro del decreto que firmó, también plantea reducir de 18 a 11 las vacunas infantiles recomendadas de manera general en Estados Unidos, un cambio que modifica el esquema vigente de inmunización.
La nueva política contempla vacunas contra enfermedades como sarampión, paperas, rubéola, difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis, influenza, neumococo, VPH y varicela. Otras inmunizaciones, entre ellas algunas contra hepatitis, rotavirus, meningitis, covid-19 y otras enfermedades, quedarían sujetas a decisiones entre padres y médicos o se recomendarían principalmente para grupos considerados de alto riesgo.
Trump ha presionado a su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., para investigar un supuesto vínculo entre las vacunas y el autismo, una relación que no ha sido respaldada por numerosos estudios científicos.
Desde el Despacho Oval, Trump insinuó que el número de vacunas o el momento en que se aplican podría desempeñar un papel en el aumento de casos de trastorno del espectro autista, incluso después de que la comunidad médica y décadas de estudios han llegado a la conclusión contundente de que no existe tal vínculo.
La orden también incluye varios cambios en el calendario de vacunación infantil que el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus iniciales en inglés) ya había intentado establecer, pero que fueron bloqueados por un juez federal.
El doctor Andrew Racine, presidente de la Academia Estadounidense de Pediatría, afirmó que el anuncio difunde la incertidumbre, el miedo y la confusión donde “no tiene por qué haber nada de eso”.
Por su parte, el senador republicano Bill Cassidy, presidente de la Comisión de Salud del Senado, criticó la orden ejecutiva en redes sociales, diciendo que las vacunas son seguras y no causan autismo.
“Soy médico. Esta orden ejecutiva está equivocada”, escribió el senador por Luisiana. “El presidente no tiene el conocimiento para hacer estos cambios”.
Con información de AP.




