Mientras los equipos de emergencia continúan evaluando los daños provocados por el terremoto de magnitud 7.1 que sacudió este martes el suroeste de Japón, un aspecto llamó la atención de millones de personas alrededor del mundo: la serenidad y disciplina con la que reaccionaron los japoneses durante el sismo.
En redes sociales comenzaron a viralizarse videos grabados en oficinas, restaurantes, escuelas, supermercados y estaciones de transporte. En ellos, lejos de escenas de pánico generalizado, se observa a trabajadores, estudiantes y ciudadanos cubrirse la cabeza, colocarse debajo de mesas, alejarse de ventanas o evacuar de manera ordenada apenas comenzaron a sonar las alarmas sísmicas.
Las imágenes generaron miles de comentarios de usuarios de distintos países, quienes destacaron la cultura de prevención de Japón y la forma en que la población parece tener muy claros los protocolos de actuación frente a un terremoto.
Aunque para muchos las reacciones parecieron sorprendentes, en Japón forman parte de la vida cotidiana. El país se ubica sobre el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta, donde convergen varias placas tectónicas. Se estima que alrededor del 20% de los terremotos de magnitud 6 o superior registrados en el mundo ocurren en territorio japonés, por lo que la preparación frente a estos fenómenos forma parte de la educación desde edades tempranas.
Desde el nivel preescolar, niños y jóvenes participan de manera periódica en simulacros de evacuación, donde aprenden acciones básicas como proteger la cabeza, resguardarse bajo muebles resistentes, alejarse de objetos que puedan caer y evacuar únicamente cuando las autoridades lo indiquen. Estas prácticas continúan durante la vida laboral, ya que empresas, oficinas y dependencias públicas realizan simulacros de forma regular.
A esta cultura de prevención se suma uno de los sistemas de alerta temprana más avanzados del mundo. La Agencia Meteorológica de Japón opera un mecanismo capaz de detectar las primeras ondas sísmicas y enviar avisos automáticos a teléfonos celulares, estaciones de televisión, radio, trenes de alta velocidad y sistemas de altavoces públicos apenas unos segundos antes de que llegue el movimiento más intenso.
Aunque ese margen suele ser de apenas unos segundos, resulta suficiente para que muchas personas puedan protegerse, detener maquinaria, reducir la velocidad de los trenes bala o suspender procedimientos delicados en hospitales y fábricas.
La ingeniería también juega un papel fundamental. Después del devastador terremoto de Kobe en 1995 y, sobre todo, tras el sismo y tsunami de 2011 que desencadenaron el accidente nuclear de Fukushima, Japón endureció aún más sus normas de construcción. Actualmente, gran parte de los edificios modernos incorpora tecnologías antisísmicas, como aisladores en la base y amortiguadores que absorben parte de la energía del movimiento telúrico, reduciendo el riesgo de colapso.
El terremoto de este martes volvió a poner a prueba ese modelo. Hasta el momento, las autoridades han confirmado una persona fallecida, decenas de heridos y daños materiales en diversas zonas del suroeste japonés.



