El caso de un cráneo prehispánico con un mosaico en forma de serpiente que permaneció durante décadas en el Museo del Mundo, en Leiden, Países Bajos, hoy se encuentra bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La identidad de aquel hombre se perdió en el tiempo, su rostro fue cubierto con turquesa y concha y terminó, siglos después, exhibido a miles de kilómetros de México.
La técnica con la que fue decorado corresponde al Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521, y está documentada en regiones que actualmente forman parte de Oaxaca y Puebla. Estudios realizados entre 2011 y 2012 determinaron que perteneció a un hombre de entre 25 y 40 años y que los materiales del mosaico son prehispánicos.
La pieza está cubierta parcialmente con teselas de turquesa, además de concha, jadeíta y cristal de roca. Sobre el hueso frontal se distingue el diseño esquemático de una serpiente.
Pero, ¿por qué una pieza perteneciente a la historia mexicana terminó lejos del territorio mexicano?
LA HISTORIA DEL CRÁNEO PREHISPÁNICO
1962
La historia reciente del cráneo comienza en 1962, cuando el museo de Leiden lo adquirió en el mercado del arte sin información suficiente sobre su procedencia.
Esa falta de contexto impidió determinar con precisión de qué comunidad o sitio arqueológico salió.
Durante casi seis décadas permaneció en Países Bajos hasta que comenzaron las gestiones para devolverlo a México.
2023-2025
A finales de 2023, las secretarías de Relaciones Exteriores y Cultura fueron notificadas de los primeros contactos entre el museo neerlandés y la Embajada de México.
El proceso también fue impulsado por el colectivo Nohivi Ñuu Savi, cuya participación fue reconocida por las autoridades mexicanas.
En diciembre de 2024, el gobierno de Países Bajos concretó la devolución y, finalmente, en mayo de 2025, la pieza regresó físicamente a México.
El INAH determinó que se trata de un resto óseo humano prehispánico procedente de territorio nacional y asumió su resguardo.
2026
El 10 de agosto de 2026, el INAH informó que el cráneo ya fue inscrito en el Registro Público, inventariado y documentado mediante un modelo tridimensiona.
Ahora los especialistas analizan la posibilidad de realizar estudios de radiocarbono y obtener ADN antiguo para conocer más sobre el hombre al que perteneció.
“Es importante descifrar quién es la persona detrás del mosaico de turquesa”, señaló el antropólogo físico Olaf Bello Cardoso.
El futuro de la pieza también podría estar en Oaxaca. El Museo Comunitario Yucu Saa, en Villa de Tututepec, manifestó su interés en resguardarla y exhibirla, aunque primero deberá garantizar las condiciones adecuadas para su conservación.




