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CRÓNICA: ¿Cayó por su novia? La pista que llevó al Ejército hasta ‘El Mencho’

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Ricardo Trevilla.El secretario de la Defensa Nacional, reconstruyó el camino que llevó al operativo contra el jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación
(Especial)

Durante más de tres décadas, Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’, fue una sombra -casi-imposible de atrapar.

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Sedena Operativo Muerte El Mencho Nemesio Oseguera 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, murió luego de ser herido durante el enfrentamiento entre fuerzas federales y miembros del CJNG. (Cuartoscuro / Especial)

Objetivo prioritario para México y Estados Unidos, líder del cártel más expansivo del país y uno de los narcotraficantes más buscados del continente, había logrado evadir operativos, cercos y persecuciones. Hasta que una pieza aparentemente menor —una relación sentimental— abrió la puerta al final.


El general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, reconstruyó el camino que llevó al operativo contra el jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación: años de inteligencia, cooperación internacional y una oportunidad que no podía desaprovecharse.

La historia comenzó mucho antes. Desde los años noventa, Oseguera Cervantes ya figuraba como integrante de Los Valencia o Cártel del Milenio, en Michoacán. En 2016, Estados Unidos lo colocó en su lista de fugitivos más buscados. En 2018 fue requerido por una corte de Texas. En 2024, la Fiscalía General de la República ofreció 30 millones de pesos por información para capturarlo; Washington elevó la apuesta a 15 millones de dólares. Aun así, seguía libre.

El quiebre llegó el 20 de febrero de este 2026, cuando trabajos de inteligencia militar central detectaron a un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales de El Mencho. Ese contacto trasladó a la mujer a un complejo de cabañas en el poblado de Tapalpa, Jalisco. Ahí, según la información confirmada, se reunió con el capo.

Al día siguiente, 21 de febrero, la mujer abandonó el lugar. El Mencho se quedó.

La señal era clara. Con esa confirmación, fuerzas especiales del Ejército y la Fuerza de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional asumieron la planeación del operativo. Tres componentes quedaron listos: una fuerza terrestre, una aeromóvil con seis helicópteros y un respaldo aéreo. Todo se movió bajo una premisa básica de doctrina militar: secreto, sorpresa e iniciativa.

La noche del 22 de febrero, tras corroborar que el objetivo seguía en el sitio, la fuerza terrestre avanzó para cerrar el cerco. No hubo rendición. El círculo de seguridad de El Mencho abrió fuego con violencia extrema. El intercambio dejó ocho presuntos delincuentes muertos y un arsenal asegurado: armas largas, lanzacohetes tipo RPG —del mismo tipo usado en 2015 para derribar un helicóptero de la Fuerza Aérea—, vehículos, municiones y equipo táctico.

En medio del caos, Oseguera Cervantes logró huir junto con su grupo más cercano hacia una zona boscosa en los límites de Tapalpa. Fuerzas especiales los persiguieron y los localizaron ocultos entre la maleza. De nuevo, hubo fuego. Un helicóptero fue alcanzado y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en una instalación militar en Sayula. No hubo heridos en esa aeronave.

La presión militar cerró el margen. El Mencho resultó herido junto con dos de sus escoltas. Fueron detenidos. En el lugar también resultaron heridos tres militares. Personal de sanidad evaluó la situación y ordenó la evacuación aérea inmediata: el capo, sus escoltas y un oficial herido fueron subidos a un helicóptero con destino médico.

No llegaron.

Durante el traslado, Nemesio Oseguera Cervantes murió. Ante ese escenario, el mando decidió redirigir la aeronave al Aeropuerto Internacional de Morelia, donde un avión de la Fuerza Aérea trasladó los cuerpos y heridos a la Ciudad de México, evitando riesgos mayores en Guadalajara.

Pero la operación no terminó ahí.

De manera paralela, inteligencia militar detectó que Hugo H., alias El Tully, operador logístico y financiero del Mencho, coordinaba desde El Grullo, Jalisco, los narcobloqueos, incendios, ataques y ofrecimientos de hasta 20 mil pesos por cada militar asesinado. Fue localizado, intentó escapar y abrió fuego. Murió en el enfrentamiento. Le aseguraron armas y más de 7.2 millones de pesos y casi un millón de dólares en efectivo.

Para la noche, los bloqueos comenzaron a ceder. Aun así, el Ejército reforzó la presencia: 2 mil 500 efectivos adicionales se sumaron a los más de 7 mil ya desplegados en Jalisco, como mensaje de control territorial.

Así cayó el hombre que durante años desafió al Estado. No por un error táctico, ni por una traición interna conocida, sino por una rendija humana en su blindaje: una visita, una confianza, una pista seguida con paciencia.

El resto fue fuerza, tiempo y una operación que —como dijo el general— terminó por demostrar, sin matices, la fortaleza del Estado mexicano.

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