Los derrames de hidrocarburos se han convertido en una preocupación creciente en México. No se trata únicamente de daños materiales o fallas técnicas: detrás de cada incidente hay ecosistemas afectados, comunidades golpeadas y, en algunos casos, vidas humanas perdidas.
En los gobiernos encabezados por Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, el problema no sólo ha persistido, sino que se han acumulado episodios que han marcado la memoria colectiva.
Los datos oficiales también dan cuenta del problema en que se han convertido los derrames de combustibles:
De acuerdo con información pública obtenida a través de la Plataforma Nacional de Transparencia, en la solicitud número 330023825000578, Petróleos Mexicanos reportó al menos 22 eventos moderados y graves registrados en el Centro de Coordinación y Apoyo a Emergencias (CCAE) que pudieran tener una implicación ambiental.
La empresa precisó que estos reportes no incluyen tomas clandestinas y que los eventos se generan de manera cautelar.
Así, este tema deja una ‘mancha’ importante en la historia de México durante estos sexenios de la 4T, es por eso que aquí, en Nación321, te recordamos los episodios que más afectaciones han generado:
‘OJO DE FUEGO’: EL MAR EN LLAMAS
En julio de 2021, durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el Golfo de México ofreció una imagen impactante. Un incendio en un ducto submarino provocó que el mar literalmente ardiera frente a las costas de Campeche.
El fenómeno, bautizado como ‘Ojo de Fuego’ mostró un círculo de llamas sobre el agua, alimentado por una fuga de gas en instalaciones de Pemex. Aunque no hubo víctimas humanas, el evento encendió alertas internacionales sobre los riesgos de la infraestructura petrolera.
Las autoridades minimizaron los daños ambientales, pero especialistas advirtieron que este tipo de incidentes pueden tener efectos en los ecosistemas marinos, desde la contaminación hasta alteraciones en la fauna.
VERACRUZ 2025: EL PETRÓLEO QUE BAJÓ POR LOS RÍOS
En octubre de 2025, un nuevo derrame volvió a exhibir la fragilidad del sistema. En el ducto Poza Rica–Madero, en Veracruz, un deslave provocado por lluvias intensas rompió la infraestructura, liberando crudo que se extendió por kilómetros.
El petróleo avanzó por los ríos Pantepec y Tuxpan, contaminando agua, cultivos y comunidades enteras.
Pemex reportó la recuperación de más de 2.7 millones de litros, pero nunca se precisó el volumen total derramado. Mientras la empresa atribuyó el incidente a las lluvias, también surgieron versiones sobre fallas de mantenimiento y corrosión en el ducto.
Las consecuencias fueron inmediatas: pérdidas económicas, escasez de agua potable y protestas de pobladores que denunciaron una respuesta insuficiente.
2026: UNA CADENA DE INCIDENTES EN DOS BOCAS
El inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum no ha estado exento de estos eventos. En marzo de 2026, al menos tres incidentes relacionados con hidrocarburos se registraron en la zona de Dos Bocas, Tabasco, en menos de un mes.
Entre ellos, un incendio que dejó cinco personas muertas, derrames en costas del Golfo y la reciente detección de residuos contaminantes cerca de la refinería Olmeca.
Pemex confirmó la situación y detalló: “El gobierno de México mantiene un operativo de atención interinstitucional ante la presencia de hidrocarburos detectada en inmediaciones de Dos Bocas, Tabasco, con la participación de la Secretaría de Marina (Semar), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Petróleos Mexicanos (Pemex), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de Tabasco (Semades)”.
Hasta ahora, se han recolectado 240 kilogramos de material impregnado con crudo, mientras continúan las labores de contención.
En paralelo, otro derrame en el Golfo de México —presuntamente provocado por un barco privado— llevó incluso a la intervención de la Fiscalía General de la República, al considerarse un posible delito penal.
LA DISPUTA POR LA VERDAD: ¿HAY O NO DAÑO AMBIENTAL?
Mientras las autoridades minimizan algunos efectos, en campo la realidad parece distinta. Por ejemplo, en los episodios recientes, la gobernadora de Veracruz negó la muerte de especies por el derrame reciente; sin embargo, organizaciones y comunidades reportaron al menos 14 animales marinos muertos, entre tortugas y delfines.
La diferencia entre versiones oficiales y testimonios locales ha generado incertidumbre y desconfianza.
Los derrames de petróleo no siempre matan de inmediato, pero sus efectos son persistentes.
El crudo puede cubrir a las de aves o pelaje de animales marinos, impidiéndoles sobrevivir. También introduce toxinas que provocan daños cardíacos, alteraciones en el sistema inmunológico y muerte a largo plazo.
Manglares, playas y humedales —ecosistemas clave— son especialmente vulnerables.
UNA CONSTANTE QUE ATRAVIESA DOS GOBIERNOS
De ríos contaminados en Veracruz a incidentes encadenados en Dos Bocas. Los derrames de hidrocarburos han acompañado, con distintas caras, a los gobiernos de la 4T y a sus antecesores.
Más allá de las causas —fallas técnicas, fenómenos naturales o incluso posibles delitos—, el patrón revela: infraestructura vulnerable, dependencia del petróleo y consecuencias que recaen en la población y el medio ambiente.
El problema no es nuevo, pero tampoco ha desaparecido.
Y mientras el país (y el mundo) sigue apostando por los hidrocarburos, cada derrame vuelve a abrir la misma herida: una que mezcla fuego, contaminación y vidas que, lamentablemente, no se recuperan.




