Guadalupe Quetzal se enamoró del operador José del primer tráiler que inspeccionó en su nuevo empleo como guardia de seguridad. Manuel Pérez, quien perdió la vista en un accidente de tránsito, conoció a su amada Ángeles cuando trabajaba como chofer de su esposo. En tanto, Alejandro se enamoró de María, casi 20 años mayor que él, cuando ella era su jefa en una empresa recicladora de desechos urbanos.

Estas historias de romance se entrelazan, al igual que el de otras 230 parejas, que contrajeron matrimonio en un evento de matrimonios colectivo en la explanada del municipio Tlalnepantla.
Para conmemorar el Día del Amor y la Amistad, los nuevos esposos y esposas recibierno sus actas de matrimonio del Registro Civil del Estado de México; y por parte del gobierno local la gestión para la condonación total de los trámites y una fiesta, que incluyó mariachi, vino tinto, pastel, foto personalizada, y el tradicional pollo en mole.
Guadalupe, de 27 años, recuerda entre risas que fue el primer camión que revisaba cuando se encontró con José Alfredo, quien con tal de conseguir su número telefónico la esperó hasta que terminara el turno.
“Revisó mi camión y se enamoró de mí. Me di cuenta”, comenta José Alfredo muy serio pero sin dejar de abrasarla, lo que provoca la risa de su hoy esposa, quien, con una mano casi tapando su boca dice: “deja que se lo crea que fue así. Se tardó en llamarme tres meses, y solo acepté salir con él porque me insistió mucho”.

Emocionados por la formalidad que le pudieron dar a ocho años de noviazgo que les dio un hijo, señalan que ya tenían la intención de casarse pero lo habían estado posponiendo, pero cuando se percataron de la convocatoria ya no lo pensaron y entregaron los documentos que les solicitaron.
“No tuvimos que pagar nada, solo los exámenes prenupciales, y la verdad se siente muy bonito que a uno lo apapachen, y más cuando habemos mucho que no tenemos la posibilidad de pagar una fiesta y los trámites”, señala Lupita.
Alejandro de 45 años de edad, afirma que cuando conoció a María, quien actualmente tiene 29, se prendió de ella. “Yo era su jefe y de inmediato supe que me gustaba, por eso la contraté para que estuviera en la empresa”.
Por su parte, María no deja de mirarlo con una sonrisa que abarca casi toda su rostro, y recuerda que ella tenía la labor de separar los desechos sólidos que pasaban por una máquina, y “a cada rastro recibía sus mensajes y era muy amable conmigo, por eso me di cuenta que quería algo”.
Oriundos de la colonia San Pedro Barrientos, con cinco años viviendo en unión libre y una hija de cuatro años, tienen fe que su matrimonio dure para toda la vida, porque consideran que a todos los problemas hay una solución cuando se tiene comunicación.
Manuel Pérez, de 53 años de edad, y quien perdió la vista hace cuatro años en un accidente de tránsito, es guiado por Ángeles, de 47, en su camino para recibir juntos su acta matrimonial.
Con lentes oscuros y aferrado a los hombros de su hoy esposa, recuerda que la conoció cuando su exmarido lo contrató como su taxista. “Yo manejaba un taxi y era seguido que me llamaba para solicitar el servicio, y en muchas ocasiones iba acompañado de Ángeles y sus tres hijos”.
“Me hice amigo de ella y sus hijos, y como su ex andaba portándose mal, un día ya no regresó, empezó hacer su vida con otra mujer, pero yo seguí viéndola como amigos; después de un tiempo empezamos a salir como pareja”.
Dos años después de iniciar la relación perdió la vista, y Ángeles lejos de irse, lo apoyó, y hoy, con el matrimonio formalizado, sienten que reafirman su compromiso y amor para toda la vida.
Vecinos de la colonia Reforma Urbana, afirman que no tenían dinero para casarse y que decidieron hacerlo porque les comentaron que no les iba a costar nada, que solo tenían que pagar los exámenes prenupciales.
“Hoy solo pagamos los pasajes para llegar a la explanada. Al principio no quería casarse un 14 de febrero porque ese día murió mi madre, pero ahora ya todo cambió, hasta fiesta con todo y meseros nos regalaron”, dice con la voz quebrada.



