“Yo me quiero quedar en México”: una historia de migración

2017-02-02 |06:16 Hrs.Actualización21:06 Hrs.
CREEMOS QUE IMPORTA POR...

Porque las historias de la frontera sur también son importantes

El sueño del migrante ya no está en Estados Unidos. Yace en México.

Las políticas migratorias del nuevo presidente de los Estados Unidos, que incluyen la ampliación del muro y el endurecimiento de los controles fronterizos, han cambiado el rumbo de los migrantes que huyen de sus países para escapar de la violencia y el hambre.

Así, el sueño americano ha quedado atrás, y México se presenta como la oportunidad de cientos de miles de centroamericanos y sudamericanos para empezar una nueva vida.

Es el caso de Carmen Elena Rivas, una vendedora de frutas y verduras, de 43 años, proveniente de El Salvador, que, con no más que lo que llevaba puesto, cruzó la frontera acompañada de sus hijos Donovan y Ángel, de 9 y 8 años de edad. Amenazada y extorsionada por la banda delincuencial de los Mara Salvatrucha decidió escapar de su país.

"Yo me quiero quedar en México, y me fui de mi país porque los pandilleros me amenazaron, me pedían  renta y me decían que mis  hijos ya estaban buenos para que anduvieran en eso, entonces yo no quería  eso, y me dijeron que no me podía quedar porque no aceptaba lo que ellos me decían", aseguró.

Y como ella, otros migrantes, provenientes en su mayoría del llamado Triángulo del Norte -integrado por El Salvador, Honduras y Guatemala-, prefieren ni siquiera hacer el intento de llegar hasta la frontera del Norte, y sus esfuerzos están enfocados a conseguir trabajo en territorio mexicano.

"Mi idea era entrando a México era irme a Estados Unidos, y cruzar la frontera, pero pensé mejor quedarme aquí unos diítas,  unos meses", puntualizó Nilser González, migrante hondureño; mientras que Víctor Castillo dijo que ya ha pedido asilo para permanecer en México. "Pienso quedarme en México de una vez trabajando, porque Estados Unidos no es como lo pintan".

El padre Flor María Rigoni es el encargado del albergue Belén en Tapachula, que hace las veces de primer hogar para los migrantes, asegura que el muro de Trump y el endurecimiento de los controles en la frontera Norte suponen una regresión en el avance de los derechos  humanos. "Hoy Estados Unidos ha logrado vender la imagen de ser un país rico, hoy déspota y discriminante, cancelando una característica, una medalla histórica de la humanidad".

Y mientras las puertas de la nación que fue construida por migrantes se continúa cerrado, a 2 mil 736 kilómetros al Sur de El Paso, Texas, existe otra frontera que sirve como primera línea de defensa de Estados Unidos para intentar detener, sin éxito, el flujo de migrantes.

Cruzarla tan solo toma 3 minutos, y cuesta 10 pesos o 10 quetzales subirse a las llamadas "cámaras" que te llevan a través del río Suchiate. Nadar o pisar costales colocados a lo ancho del río también son opción para llegar al otro lado.

Los verdaderos controles están dentro de las ciudades; a partir de la entrada en vigor del Plan Frontera Sur, en el 2014, el Instituto Nacional de Migración ha dejado de lado las tareas administrativas y mayormente se ha dedicado a patrullar las rutas migratorias y las calles de las ciudades.

Como consecuencia de ello, las detenciones y las deportaciones han ido en aumento, puntualiza el cónsul de Guatemala en Tapachula, Héctor Sipac, "Tan solo de  aquí a Tuxtla Gutiérrez hay de seis  a ocho operativos  en  donde  participan  varias autoridades  independientes, no en conjunto con migración".

Otras consecuencias del endurecimiento de los controles migratorios son que los migrantes hoy han cambiado sus rutas, se ocultan más y, por ende, se exponen a más peligros y abusos. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el número de peticiones de refugio se han disparado. "En el 2016, casi  9 mil  personas han pedido  asilo en el año pasado, un aumento significativo respecto al 2015, cuando solo 3 mil 400 personas pidieron asilo", informó Francesca Fontanini, responsable de comunicación en Latinoamérica para ACNUR.

Ante tal panorama, surge una pregunta, todavía sin respuesta: ¿México está preparado para acoger a cientos de miles de migrantes? Lo que sí es un hecho, es que para  los que no solo buscan mejorar su vida, sino sobrevivir, regresar no es una opción y México se ha convertido en su sueño y destino.