Saraí, la niña rarámuri que no podía recibir tratamiento médico por su religión

Sin tratamiento.
Los padres de una niña con leucemia impedían que recibiera transfusiones de sangre por su religión
Sin tratamiento.
Los padres de una niña con leucemia impedían que recibiera transfusiones de sangre por su religión

Saraí, la niña rarámuri que no podía recibir tratamiento médico por su religión

Sin tratamiento.Los padres de una niña con leucemia impedían que recibiera transfusiones de sangre por su religión
Cuartoscuro
2018-08-16 |12:37 Hrs.Actualización12:37 Hrs.
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Porque el caso llegó a la máxima instancia legal debido al grave estado de salud de la menor

Saraí es una niña originaria de Chihuahua, es rarámuri y fue diagnosticada con leucemia, enfermedad que no ha sido tratada adecuadamente debido a motivos religiosos.

Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que se ponía en riesgo la vida de la menor y ordenó que recibiera las medicinas necesarias para combatir su enfermedad.

El alto tribunal, a través de un comunicado, explicó que aunque los padres tienen el derecho de tomar decisiones libres sobre la educación y salud de sus hijos, dicho derecho tiene como límite no poner en riesgo la salud y vida de los menores.

Debido a la enfermedad diagnosticada, la comunidad médica determinó que Saraí debía ser sometida a quimioterapias y transfusiones de sangre, hecho al que se negaron los padres. 

¿Por qué?

Los padres de Saraí son indígenas rarámuris que profesan la religión de los Testigos de Jehová y desde un inicio rechazaron la transfusión de sangre como un tratamiento por cuestiones religiosas.

La niña había sido ingresada de urgencia en el Hospital Infantil de Especialidades en Chihuahua desde abril de 2017 y cuando los padres se opusieron a la transfusión, los médicos alertaron a la subprocuraduría de menores, quien asumió la tutela de la niña y autorizó el tratamiento.

Sin embargo, los padres de la niña tramitaron un amparo bajo el argumento de que la autoridades locales incurrían en practicas discriminatorias dando a entender que los padres, por su condición de indígenas, no sabían lo que era mejor para su hija. 

Un juez otorgó el amparo; sin embargo, los médicos llevaron el caso hasta la Suprema Corte y resolvió que debía sustituirse la voluntad de los padres porque el tratamiento era la única vía para salvar a la menor.