La historia de amor que salvó a un 'dreamer' de la deportación

Amor sin fronteras.
El amor logró que este joven pudiera obtener su residencia en Estados Unidos
Amor sin fronteras.
El amor logró que este joven pudiera obtener su residencia en Estados Unidos

La historia de amor que salvó a un 'dreamer' de la deportación

Amor sin fronteras.El amor logró que este joven pudiera obtener su residencia en Estados Unidos
Especial
2017-09-07 |11:54 Hrs.Actualización12:56 Hrs.
CREEMOS QUE IMPORTA POR...

Porque Trump terminó con el DACA, el programa que protege de la deportación a jóvenes que llegaron a Estados Unidos desde la infancia

Dicen que el amor lo puede todo y en esta historia fue clave para que un joven pudiera quedarse en Estados Unidos y cumplir sus metas. 

"Sé que las cosas se han puesto muy difíciles en esta nación y que el presidente actual le ha fallado a mucha gente, pero espero en Dios que los texanos, que tienen un noble corazón, puedan superar estas adversidades y que aprendamos a tolerarnos, respetarnos y querernos", dijo Javier, un 'dreamer' que llegó a Estados Unidos cuando tenía 14 años.

Javier hace esta reflexión justo cuando Donald Trump decidió terminar con el  DACA, el programa que protege de la deportación a jóvenes que llegaron a Estados Unidos desde la infancia, miles de jóvenes están en riesgo de ser expulsados de Estados Unidos.

Hasta 2016, según datos del Servicio de Ciudadanía e Inmigración, en Estados Unidos había 1 millón 340 mil 305 dreamers beneficiarios del programa, de los cuales el 77%, 1 millón 44 mil 967, son de origen mexicano.

Pero para Javier González la historia fue distinta, ya que gracias al amor, pasó de vivir al día en México, a tener la ciudadanía estadounidense. El originario de Los Ramones, Nuevo León, habló con Nación321 sobre esta experiencia que marcó su vida.


LA LLEGADA

"Jamás imaginé que en Estados Unidos encontraría a la persona con la que quiero pasar el resto de mis días, que formaría una familia y que trabajaría en algo que me encanta", narra Javier, quien llegó con su familia a Dallas, Texas en 1999.

"La crisis económica de 1994 nos dio en la torre y mis padres ya no pudieron sostener el rancho en Los Ramones, por lo que en una oportunidad que tuvieron, se jalaron para Dallas".

Javier, sin hablar una palabra de inglés y con apenas 14 años, ingresó a la secundaria (Harold Wendell Land Middle School) y al poco tiempo comenzó a destacar en la clase de música. 

Ya en la preparatoria (Skyline High School), logró destacar en la clase de mariachi que ofrecían en su escuela e incluso obtuvo un reconocimiento estatal por su habilidad con la guitarra.

En el ámbito académico, Javier registró calificaciones destacadas y se graduó como el segundo mejor estudiante de su clase (2003), por lo que varias universidades le ofrecieron becas para estudiar arte... El problema es que para acceder a estas becas, el joven necesitaba ser residente o ciudadano estadounidense, porque de lo contrario tenía que pagar una fuerte cantidad de dinero por sus estudios.

EL AMOR

"La verdad me agüité porque tenía muchas ganas de ir a la uni y titularme, hubiera sido el primero en mi familia, pero pues mi apá me pidió echarle chingazos a la vida y me enseñó cómo arreglar cosas del hogar, desde instalación de baños, alfombras, pintura y arreglar cosas eléctricas. Aprendí de todo un poco".

La música fue la aliada de Javier, pues comenzó a tocar con un mariachi en un restaurante de música mexicana en el centro de Dallas y fue en una de esas noches que conoció a su ahora esposa, Samantha, una texana con raíces hispanas.


"Ella me gustó desde el primer momento que la vi; es una muchacha bien linda e inspira mucha ternura. A los pocos meses de conocernos y comenzar a salir le pedí que fuera mi novia; y en 2007 le pedí que nos casáramos", comenta Javier.

Fue hasta 2009, en el primer año de gobierno de Barack Obama, que Javier y Samantha unieron sus vidas y se abrió la posibilidad para que el mexicano se convirtiera en ciudadano estadounidense.

"Sabía que existía la posibilidad de que el gobierno me diera la ciudadanía si me casaba con ella. Pero no quise comenzar los trámites hasta 2012 porque no quería verme interesado, yo lo hice por amor, no por un privilegio en este país".

En 2012, Barack Obama anunció el Dream ACT, la acción ejecutiva para todos los niños que llegaron a Estados Unidos y que buscaban regularizar su estancia en el país norteamericano, la oportunidad perfecta para que Javier fuera ciudadano estadounidense.

"Estaba muy entusiasmado por lo que anunció Obama así que fui con un abogado migratorio para que me echara la mano en el tema. El compa me advirtió que mejor no aplicara a este programa porque si quería ser ciudadano por ser esposo de una ciudadana norteamericana, el trámite del DREAM Act entorpecería mis oportunidades de la ciudadanía ", comenta Javier.

Así que la mejor apuesta para que este mexicano siguiera en Estados Unidos por la vía legal era aplicar por ser esposo de una estadounidense.

LOS TRÁMITES

Javier y su esposa contrataron un abogado para conocer los pasos que debía tomar para conseguir la ciudadanía estadounidense. Primero, el joven mexicano envió una petición de visa I-310 (petición para un familiar extranjero) al Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés). En dicho documento, Javier envió una copia de su certificado de matrimonio y el motivo por el que deseaba obtener su ciudadanía norteamericana.

Luego de enviar este formato, Javier aplicó para obtener una tarjeta de residencia permanente (green card), pero había una condición: no podía abandonar el país durante el proceso, el cual tardó 3 años en concretarse.

Tras esa larga espera, Javier logró obtener su green card para dar el siguiente paso en 2015: la ciudadanía estadounidense a través del formato N-400, Aplicación para la Naturalización.

Para este paso, el mexicano tuvo que demostrar que era una persona moral, que vivió en Estados Unidos desde antes de casarse con una ciudadana estadounidense, que podía leer, escribir y hablar inglés y finalmente, que conocía la historia estadounidense.

Tras terminar con todo el proceso, en febrero pasado el joven acudió al Dallas Arboretum and Botanical Garden para la ceremonia de ciudadanía de Estados Unidos. 


Ahora Javier vive una vida tranquila y consiguió su licencia de plomero, con lo que gana el doble de lo que recibía por hacer trabajos y reparaciones en el hogar.

"Estoy muy agradecido con Estados Unidos, me ha dado una familia, un lugar para vivir y un oficio con el que ganó lo suficiente para estar bien. Sé que las cosas se han puesto muy difíciles en esta nación y que el presidente actual le ha fallado a mucha gente, pero espero en Dios que los texanos, que tienen un noble corazón, puedan superar estas adversidades y que aprendamos a tolerarnos, respetarnos y querernos. EU es un gran país y todos cabemos en el", concluyó Javier.

NOTA: A solicitud del entrevistado, se cambió su nombre e imagen real.