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Pasión de Cristo: esta es la explicación forense de la cruel muerte de Jesús

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Ficha forense.Hacemos una breve pero documentada y respetuosa construcción de las múltiples y dolorosas flagelaciones que condujeron al brutal fallecimiento de Jesucristo

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, fue la última frase que, según el Evangelio de Lucas, dijo Jesucristo antes de perecer en la cruz.

El cuerpo lastimado del hombre de aproximadamente 33 años no soportó más la intensa jornada de tortura a la que fue sometido y sucumbió, marcando para los católicos, el cumplimiento de una voluntad divina, bajo la premisa de una redención universal del pecado humano.

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Jesús. (Fernando Carranza García)

En este contexto y a propósito de la Semana Santa, la más sagrada para la religión católica, vale la pena acudir a la teología y, sobre todo a la ciencia, para entender con mayor precisión la muerte de Jesús el nazareno, un líder disidente judío.


En Nación321 hacemos una breve pero documentada y respetuosa construcción de las múltiples y dolorosas flagelaciones que condujeron a la muerte al que posiblemente es el hombre más famoso de la historia de la humanidad. Te contamos, apoyados en la medicina actual, de qué murió Jesús.

CRUCIFIXIÓN, UN CASTIGO PARA ESCLAVOS, REBELDES Y CRIMINALES

Como sabemos, el llamado ‘hijo de Dios’ fue condenado a morir en la cruz, un tipo de ejecución dirigida principalmente a esclavos en tiempos grecorromanos y que actualmente todavía se aplica, en casos específicos, en algunos países musulmanes, sobre todo cuando los condenados tienen relación con actos que se consideran terroristas.

Este método de asesinato, común para la época como la hoguera o la decapitación, era aplicado también a rebeldes, criminales y a quienes eran considerados “enemigos de Roma”, siendo un castigo de humillación pública.

Jesús fue llevado a este método por una razón de índole religiosa, pero, sobre todo, política: de acuerdo con textos bíblicos, al proclamarse el ‘hijo de Dios’ desafió el status quo y a la autoridad del César.

Para los sacerdotes judíos y, en particular, para el Sumo Sacerdote Caifás, Jesús representaba un peligro por sus constantes críticas a ciertas conductas de los sacerdotes.

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Jesús. (Marcelo Palacios)

En particular, el episodio de la expulsión de los mercaderes del templo habría sido el detonante para que el Sanedrín -el consejo de rabinos con funciones de juez- viera en Jesús a un peligroso agitador de masas y juzgara conveniente denunciarlo ante las autoridades romanas, que finalmente admitieron, en la persona de Poncio Pilatos, la sentencia de muerte.

JESÚS PRESENTABA UN PELIGROSO CUADRO DE ESTRÉS PREVIO A SU DETENCIÓN

Antes de vivir un arresto y la tortura por crucifixión, Jesús ya se mostraba mermado físicamente.

De acuerdo con el Evangelio de Lucas, Jesucristo subió al Monte de los Olivos para orar antes de ser traicionado y entregado por uno de sus más cercanos discípulos. Según el texto evangélico, Dios estaba angustiado y sudó sangre.

Lo anterior, dice la Revista Cubana de Hematología, Inmunología y Hemoterapia, se trató de un cuadro de hematohidrosis, una enfermedad enigmática caracterizada por episodios de sangrado cutáneo, diagnosticada por la presencia de sangre en el sudor o lágrimas.

Según los estudios, esta afección depende de la congestión de los pequeños vasos sanguíneos en la membrana basal de la piel alrededor de las glándulas sudoríparas como respuesta fisiológica a situaciones de estrés máximo y casi siempre ha sido descrita en momentos de certeza de muerte inminente y dolorosa.

TORTURA FÍSICA CON DOLOR ANGUSTIANTE

Tras ser sentenciado a morir en la cruz, luego de un juicio extenuante impulsado por los sacerdotes judíos, Jesús estaba por encarar una serie de tormentos físicos y maltratos verbales que algunos estudiosos de la medicina califican como “inhumanos”.

Como parte del castigo, Jesucristo, hijo terrenal de María y José, fue sentenciado a al menos 40 ‘azotes’, según la ley romana.

Para el entonces siglo I, la flagelación se realizaba bajo las estrictas normas emanadas desde Roma. El látigo que se usó en Jesús era un instrumento con un mango corto del que salían diferentes correas de cuero de animal.

La peculiaridad de los látigos romanos era que, para infligir mayor dolor, en las puntas de las correas había piezas de metal, con incrustaciones de huesos de animales.

Según la ciencia, el chicote con el que fue castigado le debió haber causado heridas severas en la piel de la espalda, hombros y costillas.

El contacto con el látigo no sólo laceraba la piel, además desgarraba la epidermis, dermis y tejido muscular y, luego de varios azotes, algunos músculos y tendones tuvieron que haber quedado expuestos. Esto ya suponía en sí un estado crítico.

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Jesús. (Fernando Carranza García)

Luego de esta situación, Jesús forzosamente perdió un gran porcentaje de sangre, dice la ciencia, lo que a la postre le causó sensación de mareo y desmayos documentados en las sagradas escrituras.

GÓLGOTA, UN INHUMANO RECORRIDO A LA MUERTE

Como sabemos, luego de ser azotado, Jesucristo habría llevado en la espalda la cruz en la que sería brutalmente asesinado.

En este punto vale la pena indicar que los teólogos y científicos no han llegado a un consenso sobre lo que realmente cargó Cristo.

Por un lado, se tiene la versión no muy específica de la Biblia. Según el Evangelio de Juan, Jesús caminó “cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota”. Tras la decadencia física de Jesucristo, más adelante fue ayudado por Simón de Cirene, quien fue obligado por los soldados romanos a cargar la cruz.

En contraparte, la ciencia dice que Jesús pudo no haber cargado la cruz completa y que sólo habría llevado sobre sí el madero horizontal.

Por un lado, en esa parte del mundo que es Jerusalén, era conocida por no tener tantos recursos de madera, por lo que era común que los sentenciados sólo cargaran el madero horizontal.

Además, dicen científicos, en el estado en que ya se encontraba Jesús no era humanamente posible arrastrar una cruz que probablemente tenía un peso superior a los 90 kilogramos.

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Pasión de Cristo. (Marcelo Palacios)

A pesar de ambas versiones, lo que es cierto es que durante el viacrucis, Jesús fue sometido a más latigazos, gritos, agresiones, insultos y caídas por desvanecimientos naturales de un hombre al límite de la agonía.

El camino al Gólgota, monte donde fue crucificado, debió significar un tormento, pues luego de ser golpeado intensamente, Jesús debió presentar hipercapnia, un aumento excesivo de dióxido de carbono en la sangre arterial, provocado por una ventilación pulmonar inadecuada o hipoventilación.

De acuerdo con la medicina, tuvo que manifestar dolor de cabeza, somnolencia, confusión y dificultad respiratoria.

MUERTE INMINENTE EN LA CRUZ, EL FIN DE UN TORMENTOSO DESTINO

Una corona de espinas sobre su cabeza, símbolo de humillación a su divinidad, tuvo que cortar un sinfín de vasos sanguíneos encontrados en la periferia del cráneo, lo que llevó a una constante hemorragia múltiple y dolor punzante durante el trayecto.

Llegado el momento de crucificarlo, Jesús fue desvestido, humillado y clavado en la cruz. Pero, a diferencia de las imágenes religiosas en prácticamente todo el mundo, el hombre no pudo ser clavado por las palmas de las manos.

Los clavos de al menos 25 centímetros de longitud debieron lacerar los brazos de Jesucristo, y fueron incrustados en las muñecas, entre el radio y el carpo, para que el cuerpo no se desgarrara y pudiera soportar el peso.

Una vez clavado y crucificado, Jesús tuvo que soportar un intenso dolor incrementado por una fastuosa dificultad para respirar.

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Jesús. (Andrea Murcia Monsivais)

De acuerdo con el estudio de un médico francés llamado A.A. LeBec, “la posición de los brazos elevados provocaba dolorosas dificultades respiratorias. Las costillas quedaban inmovilizadas, dificultando enormemente los movimientos necesarios para la espiración”.

Encontró que “las vísceras abdominales se desplazaban y paralizaban, lo que impedía la inspiración”. El crucificado entonces experimentaba una sensación de asfixia progresiva. El corazón se veía gravemente afectado en sus funciones: al tener los brazos elevados, tenía que trabajar el doble para bombear la sangre a las manos.

Detalla que, a medida que la oxigenación de la sangre en los pulmones empeoraba, esta se sobrecargaba de ácido carbónico, “lo que provocaba una excitación de las fibras musculares y, en consecuencia, una especie de estado tetánico que persistía hasta la sobrevenida la fatiga y la parálisis”.

En todo momento Jesús debía impulsarse con los pies (también clavados en la cruz) hacia arriba, para poder respirar, lo que debió significar un intenso dolor en las extremidades inferiores, refiere el estudio.

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Jesús. (Fernando Carranza García)

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, dijo Jesús con su último aliento a su padre divino... y falleció.

De acuerdo con August Corominas, profesor de Fisiología de la Universidad Autónoma de Barcelona y académico de la Real Academia Europea de Doctores, la razón forense de la muerte de Jesús es la siguiente:

“La muerte después de la agonía se produce por shock hipovolémico, hemorrágico, anoxia cerebral, herida pleural, embolia pulmonar, deterioro de los músculos paravertebrales, dorsales, trapecio, fracturas múltiples en extremidades, contracturas tetánicas, hematomas múltiples por caídas, polineuritis en extremidades, taquicardias, aumento adrenalina por estrés traumático (EVA 10), malos tratos y burlas de los soldados".

Jesucristo, añade, tuvo una “posible perforación de ventrículo derecho, dolor físico intensísimo, y muerte tras siete horas de sufrimiento. A Cristo le destruyeron cabeza, extremidades, tórax y abdomen. Los dolores por el sufrimiento físico y psíquico son sumatorios. Una inmerecida ejecución convertida en espectáculo de un tormento extremadamente cruel”, consigna.

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Escultura de Jesús. (Margarito Pérez Retana)

En síntesis, una pérdida dramática de sangre, asfixia e insuficiencia cardíaca aguda fueron las responsables de una falla multisistémica en el cuerpo de un hombre que aguantó tanto como su cuerpo le permitió, concluye la ciencia.

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