De cara al Día Internacional de la Mujer, cobra importancia hablar de cómo miles de mujeres encuentran en internet algo más que información o entretenimiento: encuentran compañía, sororidad y redes de apoyo.
En grupos de Facebook, chats de WhatsApp, hilos de X o cuentas de Instagram se tejen redes de apoyo entre desconocidas que comparten experiencias, consejos y ayuda concreta. A veces no se conocen en persona, pero se acompañan en momentos decisivos de sus vidas.
En internet, las conversaciones entre mujeres pueden empezar con algo tan sencillo como una publicación, una pregunta, una denuncia, una recomendación o un desahogo.
Un ejemplo de esto es el grupo de Facebook nombrado ‘FEMINISMO’. En él, cada día aparecen decenas de mensajes que muestran cómo las redes sociales se han convertido en espacios de acompañamiento colectivo.

Entre las publicaciones se pueden leer historias de mujeres que buscan apoyo ante violencia doméstica o violencia vicaria. Otras piden asesoría sobre pensiones alimenticias que no han sido pagadas. Algunas más solicitan ayuda para difundir casos de abuso o maltratos que han sufrido ellas o alguien cercano.
También hay publicaciones muy distintas, pero igual de significativas: mujeres jefas de familia o estudiantes que anuncian sus pequeños emprendimientos, recomendaciones sobre clínicas para realizarse estudios como el papanicolau o consultas relacionadas con VPH o VIH, así como difusión de talleres sobre feminismo, igualdad sustantiva o resistencia.
Entre los mensajes también aparecen memes y sátiras sobre las relaciones de pareja o críticas habituales hacia el feminismo. El humor, incluso, se vuelve una forma de resistencia y de catarsis colectiva.
Pero detrás de cada publicación hay algo más profundo: la construcción de un espacio donde otras mujeres escuchan y responden.
En estos grupos digitales se reúnen activistas, médicas, abogadas, psicólogas o simplemente mujeres que han pasado por experiencias similares y que están dispuestas a ofrecer orientación o apoyo emocional, y muchas veces, la ayuda llega de alguien que vive en otra ciudad o incluso en otro país. Y aun así, el acompañamiento ocurre.
CUANDO LA AYUDA LLEGA DESDE UNA PANTALLA
Lizbeth tenía 21 años cuando decidió escribir en uno de estos grupos.
Era estudiante de Pedagogía y vivía con su familia cuando descubrió que estaba embarazada. La noticia llegó acompañada de miedo, dudas y una decisión clara: quería interrumpir su embarazo.
Sin saber exactamente a dónde acudir, publicó su situación en un grupo de Facebook y sí, obtuvo respuesta. Varias mujeres compartieron páginas de colectivos que orientan y acompañan procesos de interrupción de embarazo de manera segura.
Entre los comentarios apareció el de Bárbara, quien escribió algo breve pero contundente: recomendó confirmar las semanas de gestación, compartió un manual para realizar el procedimiento con seguridad y añadió una frase que resonó: “si tienes alguna duda, me puedes escribir. Soy acompañanta”.
Lizbeth le envió un mensaje directo. A partir de ese momento comenzó un acompañamiento constante. Bárbara resolvió dudas sobre dosis, tiempos y síntomas normales o de alerta, incluso envió uno de los medicamentos por paquetería para garantizar que el proceso fuera seguro.
Bárbara revisó el avance del proceso, respondió preguntas y siguió el caso a través de fotografías enviadas por Lizbeth.
Días después, cuando todo había terminado sin complicaciones, la conversación cerró con un mensaje sencillo de la acompañanta: “Estamos aquí para ayudar”.
Historias como esta se repiten en distintos espacios digitales. No siempre tienen la misma naturaleza, pero comparten algo esencial: una red de apoyo formada por mujeres que, en muchos casos, nunca se verán cara a cara.

De lo digital a lo material
Las redes sociales no sólo crean vínculos virtuales. Con frecuencia, esas conexiones terminan convirtiéndose en encuentros físicos.
Talleres, clubes de lectura, conversatorios, círculos de debate, retiros o reuniones para convivir son algunos de los eventos que nacen a partir de comunidades digitales.
Una de las mujeres que ha impulsado este tipo de espacios es Claudia Ramírez Ramos, politóloga y fundadora de las organizaciones ‘Desde Mujeres’ y ‘Siendo Juntas’; para ella, todo empezó con una publicación en redes sociales.
“Tengo dos comunidades de redes digitales. La primera es ‘Desde Mujeres’, que nació a partir de un ‘tweet’ que lancé en 2020, cuando me di cuenta de que la mayoría de las columnas o investigaciones que leía eran de puros hombres”, cuenta.
En ese mensaje pidió recomendaciones de mujeres científicas sociales a quienes pudiera seguir. La respuesta fue mucho mayor de lo que esperaba.
“Un montón de chicas lanzaron su propio nombre o recomendaciones de mujeres que conocían o admiraban. Al día de hoy es una red de más de 350 mujeres científicas sociales. Es un espacio intergeneracional, con integrantes de once países”.
La finalidad de la red es visibilizar y reconocer el trabajo de mujeres en diferentes áreas y trayectorias profesionales.
Pero esa no fue la única comunidad que surgió.
En 2022, cuando la pandemia comenzaba a quedar atrás, Claudia sintió que muchas mujeres estaban atravesando una experiencia compartida: la necesidad de volver a conectar con otras personas, así nació ‘Siendo Juntas’.
“Nació a partir de querer volver a conectar y hacer amistades después de la pandemia, reconociendo lo mucho que habíamos cambiado nosotras y la forma en la que nos relacionamos con los demás”.
Hoy, la comunidad reúne a cerca de mil 600 mujeres en un grupo de WhatsApp, y cada mes organiza encuentros presenciales pensados para convivir y crear vínculos.
“El objetivo es hacer amigas, conectar, pertenecer y crecer en colectiva”, cuenta Claudia.
A través de ‘Siendo Juntas’, Claudia gestiona eventos, no sólo para debatir temas políticos, también para disfrutar y crear espacios de confianza y amistad. Cada mes, se llevan a cabo clubes de lectura, talleres para aprender habilidades nuevas y reuniones con la única intención de conocerse, compartir experiencias y crear redes de apoyo, más allá de la pareja, el trabajo o la familia.
“No hay persona más vulnerable que una persona sola”, señala Claudia. “Muchas de las chicas que participan son foráneas o acaban de salir de relaciones donde su pareja era su mundo entero”, narra.
Pero para la fundadora de ‘Siendo Juntas’, el impacto de estos espacios digitales va más allá de organizar eventos, pues según su experiencia, ayudan a transformar la manera en que muchas mujeres entienden su propia vida.
“Estos espacios digitales nos dan un sentido de pertenencia. Nos dan un propósito diferente a ser la hija perfecta, la hermana, madre o esposa (...) Las experiencias de otras personas te hacen reconocer lo que tú puedes cambiar en tu vida”.
Ese intercambio, dice Claudia, puede incluso ayudar a prevenir situaciones de violencia.
“Cuando sabes que hay otras formas de vivir, sabes que hay una salida”.




