Después de partir la Rosca de Reyes, el ritual suele repetirse: guardar el muñequito “por si acaso” o tirarlo directamente a la basura. Sin embargo, estos pequeños objetos de plástico pueden tener un destino muy distinto y mucho más útil, tanto para el medio ambiente como para distintas causas sociales.
Los muñecos que se encuentran dentro de la rosca están elaborados, en su mayoría, con plástico tipo 5 (polipropileno), un material reciclable que, si se maneja correctamente, puede reincorporarse a la cadena de aprovechamiento de residuos. Esto los convierte en algo más que un simple recuerdo del Día de Reyes.
Cada enero se producen millones de roscas en todo el país, lo que implica también millones de muñequitos. Aunque su tamaño es reducido, en conjunto representan una cantidad considerable de residuos plásticos que, de no reciclarse, terminan en rellenos sanitarios o contaminando el entorno.
Especialistas en manejo de residuos coinciden en que el problema no es el material, sino la falta de información sobre qué hacer con él. Por eso, distintas organizaciones han impulsado campañas para recolectarlos y darles un nuevo uso.
¿QUÉ HACER ANTES DE RECICLARLOS?
Antes de llevarlos a un centro de acopio, la recomendación básica es lavarlos y secarlos, retirando cualquier resto de pan o azúcar. Esto facilita su procesamiento y evita que se contaminen otros materiales reciclables.
Una vez limpios, pueden entregarse junto con otros plásticos del mismo tipo, como taparroscas o envases específicos.
¿DÓNDE PUEDEN RECICLARSE O DONARSE?
Algunas asociaciones civiles reciben estos muñecos como parte de sus campañas de reciclaje. Un ejemplo es Banco de Tapitas, que los integra a su sistema de acopio de plástico para obtener recursos destinados a apoyar tratamientos médicos infantiles.
También existen plataformas como Ecolana, que permiten ubicar centros de reciclaje cercanos según el tipo de material, facilitando que los ciudadanos encuentren puntos de entrega adecuados. Otras fundaciones enfocadas en causas de salud y medio ambiente aceptan este tipo de plástico como donativo.
Reciclar los muñecos de la rosca no solo evita que se conviertan en basura; también es una forma de promover una cultura de consumo responsable, donde incluso los objetos más pequeños cuentan. Convertir una tradición en una acción consciente puede marcar la diferencia cuando se replica a gran escala.
Así, el muñequito que “te tocó” en la rosca puede terminar siendo algo más que el anuncio de los tamales: puede convertirse en un gesto sencillo, pero significativo, a favor del planeta y de quienes más lo necesitan.



